Discapacitado

Francisco José Segovia Ramos

Night (1890)-Edvard Munch

 

 

“No puede ser, no es por nada, pero él me insultó nada más entrar a trabajar.”

Él no lo entenderá, perdido en este mundo que no está hecho para su discapacidad. Sólo pide un lugar bajo el sol, un sol que quema, que abrasa.

“No, imposible, no hay suficiente espacio.”

Otra excusa, una más dentro de un millón. ¿Hay límites a la capacidad de sufrir? No se adapta, ni lo dejan adaptarse, y se marchita como una flor arrancada de cuajo.

En aquél rincón, un poco apartado de los demás. A fin de cuentas no puede hacer el trabajo igual que el resto y de esta forma no molesta y tampoco se cansa.

Como los viejos muebles arrumbados en el desván. Como tu abuela, aquella que llevasteis al asilo una perra tarde de verano. ¿Hay Dios allá arriba que nos contemple y castigue?

“No, no puede ser”.

Mañana mismo este hombre sufrirá, maldiciones del destino, un accidente de tráfico en el que su hija, aún menor de edad, quedará inválida.

El mundo no está hecho para caminar descalzo. No, mientras no haya zapatos para todo el que los pida.

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