Palermo

José Pastor González

 

 

 

Hay un mercado llamado Vuccirra, con su taberna Azurra, sus olores
sus gatos filósofos y una postal de un cuadro de Guttuso
hay berenjenas moradas, tajadas de sandías rojas, calabacines verdes, limones, naranjas
hay quesos, frutos secos, anchoas en salazón
hay sacos de garbanzos, cestas aromáticas de romero y tomillo, cubas de aceitunas
hay un mar de peces;
atún de rojo brillante, caballas de color plateado,
sardinas, pez espada, gambas
hay carne de cabrito, de ternera, de pollo
hay intestinos, chorizos, filetes, cabezas
hay un sol colandose suavemente por los toldos y telas de colores
hay una luz cálida y rojiza
hay olores, alcachofas cocidas, conversaciones y partidas de cartas.
Hay otros mercados.
Hay grandes avenidas de palacios, de mansiones
restauradas para bancos, tiendas caras, hoteles de lujo
hay, en cualquier calle lateral, a los pocos metros,
casas que se agrietan, ventanas rotas, suciedad que inunda patios y portales, fíats y vespas destartaladas.
Hay una plaza con un reloj de sol, con una iglesia, con un comedor para indigentes,
con un vagabundo de ojos azules que recita a Dante.
Hay un ruido constante de tráfico;
motores, frenazos, cláxones, prisas, insultos, saludos.
Hay libros sobre la mafia en los escaparates de las librerías
hay una iglesia llamada la Martorana
de hermoso campanario normando y dorados mosaicos bizantinos
y hay cúpulas rojas en la Chiesa di San Cataldo.
Hay aromas de café y especias, de mar escondido, de paredes húmedas.
Hay medianoches en Sicilia para leer a Peter Robb, a Sciascia, a Lampedusa
o las novelas negras donde Sicilia es el mundo
y el mundo es jodido.
Hay sabores a pasta con le sarde, a hinojo, a helados de jazmín
hay una alicantina de nombre Laura que me invitó a comer
y a dormir en su cama
hay macarrillas en motos ruidosas y suicidas que imitan a Al Pacino
hay sombras de yonquis que vomitan en las esquinas
hay parodias, rostros afilados, mujeres con las que huir,
carabineros que dan de comer a las palomas en los parques,
barberías, fontanas, trattorias y abandono
hay una calle donde venden y arreglan bicicletas
y una vía Calderaí de caldereros, herreros y baratijas
hay escapadas a la costa de Scopelo, a las catacumbas de los capuchinos,
a los templos de Selinunte donde pastan ovejas etruscas
hay miles de caminos que callejear, miles de lugares que encontrar
pero solo un sitio donde morir.

 

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