Francisco José Segovia Ramos

La computadora Neox-2 nunca se equivoca. Los datos que me ha dado son fiables al ciento por ciento, pero no puedo hacer partícipe de ellos al resto de equipo del laboratorio. Es mi descubrimiento y mi responsabilidad.
La máquina de transdimensión está preparada. Será mi último viaje a otro mundo paralelo. El último, y al que doy mayor importancia. He preparado todo para que nadie sepa a dónde fui; a cuál de esos mundos alternativos viajé, ni el motivo por el que lo hice.
Me introduzco en la cápsula. Ésta comienza a funcionar. Todo vibra a mi alrededor y desaparece. En unos segundos estaré inmerso en una sociedad muy similar a la mía, pero en la que la libertad y la igualdad han desaparecido para dar paso a una dictadura universal sangrienta y despiadada que no valora la vida humana más allá de su utilización como mano de obra barata y desechable.
No es que no existan otras realidades alternativas con sociedades autocráticas… pero es que en esta, por una malevolencia del destino, su máximo dirigente, la cabeza visible y feroz que aniquila a sus semejantes… soy yo mismo.
He viajado hasta aquí para asesinarme o morir en el intento.
