BILBAO

Alberto Martínez-Márquez

 

 

A mi hermano Wilo Dumeng

 

No sé dónde carajos queda Bilbao. Ni quiero saberlo. Tampoco me hace falta.

Llega este individuo. Se sienta en la barra. Justo a mi lado. Pide una cerveza. Rompe a hablar de su viaje a España. No lo conozco. Pero lo escucho con atención. Entonces pega que si Bilbao paquí, Bilbao pallá. ¿Has visitado Bilbao? Me pregunta, mientras me paga una cerveza. No, nunca he estado en España, le confieso. Deberías ir, añade. Es una ciudad muy hermosa. Bla bla bla bla bla bla bla bla… Por ahí sigue. Lo escucho. No lo escucho. En verdad, lo escucho intermitentemente. Mientras habla, veo un juego de béisbol de la Liga Americana en el enorme plasma de la cantina. Yanquis contra Mediasrojas. Segundo inning de la séptima entrada. Nueva York acaba de dar un jonrón. El hombre tiene los ojos fijos en el plasma, Pero no deja de hablar de Bilbao.

Su conversación comienza a aburrirme. Se torna repetitiva. Pesada. Es una cháchara interminable sobre el jodido lugar que visitó. Lo miro seriamente. Pero él no mira. Intento moverme de lugar. Me paga otra cerveza. Decido no perder la chaveta. Aguantarle la mierda esa sobre Bilbao. Los Mediasrojas van al bate. La cantina comienza a poblarse de energúmenos de cuello blanco de mediana edad. Todos llevan camisas de cuadros. Como el tipo que no para de hablar a mi lado. Siempre pasa los jueves. Pero es la primera vez que veo al hablador. Con permiso. Voy al baño un momento. Le digo. No contesta. Cuando vuelvo el hombre está allí, mirando el juego. Le pregunto a qué equipo le va. No me escucha. Vuelve a soltar el rollo sobre Bilbao. El hombre pide cervezas para él y para mí. Realmente no está viendo el juego. Ni le interesa el juego. Mira por mirar. Todo lo demás es Bilbao. Bilbao. Bilbao. Bilbao. Quiero escaparme de su lado. No puedo. Me tiene de rehén. Me impaciento. Ni se da por aludido. Se acaba la séptima. Los Mediasrojas no han anotado. Solo puedo levantarme para ir al baño. Regresar a sentare al mismo taburete. Aguantar la longaniza de Bilbao.

Finalmente, no aguanto más. Voy al baño. Cuando salgo, el hombre está pagando su cuenta. Dice que ha sido un placer. Me da su nombre. Se despide amablemente. Sale. Todo es tan rápido que no me da tiempo de responderle. Ni decirle cómo me llamo. El cantinero se me acerca. Me dice, tienes otra cerveza paga. Segundo inning de la octava. Se han robado la tercera base. El juego está empatado a dos carreras. Están bateando los yanquis. El cátcher se dirige a la loma del pitcher. Me percato que el hombre de Bilbao ha dejado las llaves. Salgo.

Está en el estacionamiento. Buscando como un loco por todos lados. Me le acerco. Le doy las gracias por la cerveza paga. Le extiendo la llave. Me agradece. ¿Cómo puedo hacer para ir a Bilbao?, le pregunto. Me mira sorprendido. Reservas un hotel, sacas un pasaje, etc. No lo dejo entrar al auto. Le aguanto la puerta. ¿Cómo puedo llegar allí? Se pone nervioso. En avión… no sé… o en un crucero… tiembla. Saco la pistola y le apunto a la cabeza. El hombre es todo un saco de nervios. Comienza a mearse encima. ¡Te dije que cómo puñeta llego a Bilbao¡ ¡Y me estoy perdiendo el maldito juego! Le grito. Está arrodillado frente a mí. A lágrima viva. Me dice que me lleve su dinero o el carro. Que lo deje con vida. Que tiene hijos, esposa, familia… Le pego la pistola a la frente. Me le quedo mirando fijamente. No te voy a matar, idiota, le indico. No quiero tu dinero. No quiero tu carro. ¿Cómo llego a Bilbao?, vuelvo a preguntarle. El pobre diablo no articula bien sus palabras. Intenta explicarme, sin levantar la vista. Entre sollozos. Trato de escucharlo. Intento entenderlo. Se calla.

Imagino a Bilbao. Pienso en esos documentales de la tele. Me llegan a la mente ciudades viejas. En ruinas. Perdidas en el tiempo. Lugares que la gente recuerda con una nostalgia pendeja. Creo que nunca pondré un pie en ese sitio. Me gusta mucho aquí. Ni siquiera iría a Bilbao por sus mujeres. Me gustan las mujeres. Me gustan las mujeres de aquí. A lo mejor las mujeres de Bilbao no tienen mucho de atrás. También es posible que todas tengan ese puto hablar con la z que yo detesto. Pienso en una chica de Bilbao. Una rubia tetona sin nalgas. Me dice “acuéztate conmigo, machazazo, erez una delicia.” Qué mal. Cero erección. Las mujeres de aquí tienen las nalgas grandes. No hablan mucho si te llevan a la cama. Eso me gusta.

Le quito la pistola de la frente al tipo. No sé cuánto tiempo ha pasado. Ya ni se le escucha. Llora bien bajito. Creo que está rezando. La guardo. No digo nada. Doy media vuelta. Regreso a la cantina. Hay una cerveza esperándome. Sigo viendo el juego. Me perdí lo mejor. Los yanquis van al frente por una carrera. Ganarán. Eso espero. A lo mejor en Bilbao no saben qué rayos es el béisbol. Son unos imbéciles.

Estoy decidido. No voy a Bilbao. Punto.

Alberto Martínez-Márquez. Bayamón, Puerto Rico, 1966. Forma parte de la llamada Generación de los Ochenta. Ha publicado cinco libros de poesía, siendo La lógica de los ardides (2016; Premio Nacional de Poesía del PEN Club de Puerto Rico) el más reciente. Tiene a su haber Contramundos (cuentos, 2010) y Avatares de la palabra (2016, crítica de poesía). Sus poemas, cuentos y microrrelatos figuran en revistas literarias como Aurora Boreal (Dinamarca), Novum (México), Blanco Móvil (México), Area (Chile), Barcelona Review (España), El cuervo (Puerto Rico) y Cuadrivium (Puerto Rico). De igual manera ha publicado narrativa corta en las colecciones Antología de lo extraño (2016) y Los nuevos caníbales: antología del microcuento en el Caribe (2015).

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.