Francisco José Segovia Ramos

Como he dicho en otras ocasiones, y también he escrito en mi diario, soy un viajero del tiempo y del espacio. En todo este tiempo he visitado en multitud de ocasiones el pasado, y solo de vez en cuando, el futuro. No sé por qué razón no lo hago más: quizá porque quiero aprender de lo acontecido y temo el porvenir o, simplemente prefiero lo conocido –aunque lejano- que lo imprevisto por decidir.
Sin embargo, en mi último y más atrevido viaje al futuro he descubierto que en una fecha determinada solo existe un único futuro. Es decir: no hay porvenir alternativo, como sucede cuando transito otras épocas. Tan solo, repito, un único y desolador futuro.
Porque en ese futuro –del que no quiero dar más detalles- la humanidad no existe, ni hay herederos de ella. El mundo es un árido paisaje sin interés alguno, a punto de ser engullido por la contracción del Big Bang.
Sí. Puedo asegurar que la teoría que habla de que el universo volverá a contraerse en un único y densísimo punto es correcta al ciento por ciento. Así será… pero no dentro de miles de millones de años, sino pronto… demasiado pronto.
