Los derrotados

Francisco José Segovia Ramos

 

 

 

Srïnn desmonta de su carvajo y se dirige a la cabaña del jefe Al’isma. El joven guerrero no está contento con lo que ha visto hoy en la pradera de caza.

—Las manadas de lüms han desaparecido, gran Al’isma —dice entristecido.

El anciano líder de la tribu lo mira. Cree reconocer en Srïnn a sí mismo, hace muchos mozacs. Agita su cuerpo de arriba abajo, apesadumbrado y, después se yergue y se encara con el joven.

Los cuatro patas nos dijeron que nunca sufriríamos penalidades —expresa a Srïnn —. Pero nos mintieron cuando firmamos el tratado de paz.

—Y ahora pasamos hambre… morimos, gran Al’isma.

—Quizá sea el castigo que nuestro dios Myyas nos envía por habernos rendido a los extranjeros… Deberíamos haber luchado hasta nuestro último sirtann. Ahora es muy tarde. Ni nos quedan fuerzas, ni tenemos jóvenes guerreros con los que combatirlos.

—¡Yo podría acabar con muchos de ellos! —grita orgulloso Srïnn, pero el jefe niega rotundamente.

—El futuro les pertenece a ellos. Nosotros estamos abocados a la desaparición. Es el gran designio de Myyas. Moriremos, y nuestro planeta, Agisa, será expoliado y destruido por los invasores allende la galaxia.

—Los que se llaman a sí mismos “terrícolas”, gran Al’isma.

Al’isma asiente, y se desliza de nuevo al rincón en el que teje el capullo donde pasará otra larga noche de cielos estrellados. En un rincón de un planeta perdido en la galaxia de Andrómeda.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.