Y ASÍ SE CUENTA LA HISTORIA: “Cuando Leona me adoptó”

Italo Costa Gómez

 

 

 

Yo le tengo mucho cariño a los animalitos, pero que por falta de tiempo en casa – y de paciencia, lo admito – no tengo uno en mi hogar. Sin embargo, no siempre somos nosotros los que elegimos una mascota para amarla por siempre. A veces esos seres repletos de amor nos eligen a nosotros.

Cuenta la historia que hay un parque muy lindo que está muy cerca de mi trabajo donde me gusta tener mi ‘cigarrete break’ y al que voy sin cartera, sin celular, sin Tablet, sin nada. Solo me acompaña el periódico del día, una cigarrera y mi encendedor. Ahí me aíslo de todo y solo leo un rato y recupero un poco de energía.

Una de esas tardes, sin previo aviso, se acercó una perrita. Una belleza grande, no era un animalito de raza, se veía muy bien alimentada y tenía su collar. Se me acercó con desconfianza al principio porque yo no la llené de quecos como me imagino lo hacían los que visitaban el lugar y la veían. Ella me olfateó un buen rato y luego se acostó en el suelo a mis pies. Yo seguía leyendo.
En eso empezaron a acercarse otros perros y ella les ladraba apenas cualquiera de ellos intentaba acercarse a mí, les gruñía horrible y se peleaba a mordiscos con el que osara acercárseme más de la cuenta. Yo no pude más y me conmovió el alma y empecé a acariciarla y hablarle.

– ¿Qué te he dado yo, cariño, para que me cuides y me quieras así?

Y ella me lamía las palmas de las manos con mucha suavidad y sobaba el lomo contra mis piernas y se volvía a acostar.
Fui donde el señor que cuida el parque (la perrita me siguió) y le pregunté por ella.

– “Se llama Leona. Es del cuidador de la noche pero a ella le gusta quedarse todo el día acá en el parque porque juega con los otros perritos callejeros, está muy bien alimentada y la llevan al veterinario siempre. Tiene un hogar y casi nunca se acerca a nadie tanto rato, pero a usted le agarró mucho cariño por lo que veo. Lo ha elegido.”

La abracé mucho y cuando empecé a caminar hacia mi trabajo nuevamente continuó siguiéndome.

– “No puedes venir conmigo. Te tienes que quedar aquí, pero yo voy a volver mañana. Te lo prometo. Voy a traerte galletitas y cositas para que juegues, pero no puedes seguirme. Tú tienes tu casa. Anda al parque y espérame hasta mañana”

Les parecerá mentira pero me miró con mucho amor, me volvió a “besar” las manos y como si hubiera entendido se dio media vuelta y se fue.

Cada tarde que voy a ese lugar a leer el periódico viene Leona como loca a llenarme de besos pero, como si me conociera de siempre, es solo un ratito y luego se acuesta a mis pies y me deja leer el periódico y le ladra a cuanto perro se me acerque hasta que yo regreso a trabajar.

Yo no la adopté, ella me adoptó a mí.

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