La verdad desnuda

Heimito Von Doderer

 

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Hace poco me topé en la escalera con la señora Hawelka, nuestra portera, una mujer guapa, alta y exuberante. Iba sin ropa. «¡Oh, insensata desnudez!», exclamé al verla. Al parecer, quedó muy afectada por el doble sentido de mis palabras, se apresuró a bajar a la portería y se vistió inmediatamente. La portera es una persona más bien limitada, no tiene muchas luces, pero tiene que apañarse con su poco juicio y seguir adelante. ¿Cómo podría vivir de otra forma? Cuando una cabeza hueca comete alguna estupidez, no quiere decir necesariamente que tuviera esa intención. Además, parece que la señora Hawelka, la portera, pululaba desnuda por la escalera para hacer que triunfase la verdad. Por alguna razón, su simpleza intuía que la estaba oscureciendo.

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