Ella y yo

Miguel Rubio Artiaga

Ricardo Fernández Ortega (México, 1971)

 

 

La miré a los ojos
y se abrió un precipicio a mis pies.
Le pedí un puente con la mirada
y ella con una media sonrisa
me ofreció sus alas.
Le dije que era trovador
y era amigo de caminos
y sendas olvidadas.
Que no admitía más nudos
que la ligazón de unas sábanas.

Le acabé rogando
que me dejara sus alas.

La seguí por las calles
convirtiéndome en sombra.
Ella dejó caer su pañuelo al suelo
y se quedó parada
mirándome en silencio.
Me acerqué despacio
con el más orgulloso
de todos mis gestos.

Me acabé arrodillando
para recoger el pañuelo.

La leí mis mejores poemas
como un veterano rapsoda
como un niño enamorado.
Ella mientras miraba al suelo
con la indiferencia del águila
surcando el cielo

Acabé callándome
y cambié todos mis versos.

Ella era una sirena sorda
de un lago encantado.
Susurraba cantos forzados
al compás de mis remos.
Yo fingía no verla
mientras recogía mis anzuelos.

Dejé el trabajo de pescador
para aprender el idioma de los gestos.

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