Humanos multicolores: “El antídoto del neurótico” de Fernando Morote

José Luis Barrera

 

Decir que los humanos tenemos matices y que no existe solo bien o solo mal en un persona es tan obvio que siempre se pasa por alto.

El nuevo libro del escritor peruano Fernando Morote (Piura, 1962), El antídoto del neurótico, precisamente es un recorrido a través de un cine donde destacan los claroscuros. Por sus páginas, desfilan los Bogart, las Davis, las Monroe y los Fonda pero desnudos de su celebridad y travestidos de mujeres fatales o criminales existencialistas.

El antídoto del neurótico es un viaje por las películas que impactaron a Morote. No es un Cahiers du Cinéma, de modo que no encontraremos análisis doctos cargados de palabrejas aburridas.

El texto está escrito por un amante del cine que, con el recuento de los títulos, nos muestra sus obsesiones y nos contagia el gusto de ver películas por hedonismo y no por erudición.

En cada reseña nos muestra héroes cobardes, criminales heroicos o mujeres tan frías que resultan apasionadas y apasionantes. A través de los ojos de Morote nos convencemos de que no solo el cine de autor o el independiente tienen algo que decir: Hollywood también está lleno de prodigios.

El cine noir, el de gánsteres y asesinos, predomina en el recuento de El antídoto del neurótico y no es una casualidad. Este género es rico en subtextos, en psicología y sobre todo en contradicciones: los héroes no son tan héroes y los malvados no son tan malvados.

El noble abogado encarnado por Gregory Peck en Cabo del miedo, cuando su vida y la de su familia están juego, recurre al crimen y al mal como armas de defensa. Los personajes interpretados por Bogart siempre se debaten entre la luz y la oscuridad…

La lista es interminable y la razón, sencilla: guionistas y directores supieron mostrar (y explotar artísticamente) esa obviedad que siempre pasamos por alto: los humanos somos multicolores, no monocromáticos y esos matices nos enriquecen.

El arte existe para el disfrute, pero también para provocar, como nux vómica, una reacción. Esta puede ser purificación estética o, por otro lado, un acceso de asco. Está prohibida la indiferencia.

El antídoto del neurótico, en apariencia un simple recuento de películas que fascinaron a un cinéfilo, es en realidad el menú que devoró un artista para encontrar su voz.

La literatura se come al cine, a la música, a la pintura y estas a aquella. Se trata de un canibalismo entre artes cuyo resultado es más arte. Morote sí nos está diciendo cuáles son las películas que le gustaron, pero también nos está mostrando los fetiches que lo llevan a crear.

Sin querer o queriéndolo, El antídoto del neurótico es una doble radiografía: la del escritor (o de sus demonios) y la de la humanidad con sus luces y oscuridades. Morote, en definitiva, se convierte con su nuevo libro en un dealer que nos vende el vicio de ver películas con el ojo de un amante.

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