Juegos en la tierra

Francisco José Segovia Ramos

 

 

 

Habían recorrido varias muestras del material de la zona. El grupo de adultos miró al cielo. Pronto vendrían a recogerlos y se marcharían del planeta. A lo lejos vieron a sus hijos, que jugaban a trazar rayas sobre la tierra con largas varas de metal. Se divertían haciendo dibujos de animales y plantas que habían visto en sus viajes por aquella parte del planeta. Un juego de niños, se decían divertidos sus padres.

La nave interestelar pronto estuvo sobre sus cabezas. Llamaron a sus hijos y se agruparon todos en una zona concreta de la planicie. Un rayo de energía brotó de la nave y los envolvió. Poco después desaparecieron en una explosión de luz. Volvían a casa.

Los visitantes se alejaron hacia los confines del universo. Quizá algún día regresasen para comprobar cómo había evolucionado el planeta y los seres que lo habitaban.

Mientras, detrás de ellos, no dejaron apenas nada. Solo las líneas trazadas por las manos infantiles de sus hijos empuñando sus largas varillas de metal. Líneas que los hombres admiraron confusos y extrañados, y que se extendían por toda la llanura desértica de Nazca. Nunca adivinarían que las habían hecho niños extraterrestres en un juego universal. Niños que, para los estándares de la humanidad, medían doscientos metros de alto.

 

 

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