Encuentro con Ribeyro

Julio Barco

 

Ribeyro era flaco y espigado y taciturno como un pucho entre los dedos. Vivió para escribir. Su pasión se hizo camino y lo lanzó por el mundo con una máquina de escribir como mascota. Su cumpleaños fue el 31 de agosto. Acá la crónica de cierta vez que nos encontramos en Lima.

.

Pensaba iniciar comentando que hoy cuando salí de mi casa y me puse a latear en la luz pálida azulada me acordé de aquel consejo de Ribeyro para que los escritores afinen la observación. Aconsejaba el flaco caminar bajo la luz de la tarde tenue y blanca, pues la luz del sol impide observar detenidamente los paisajes. Según Martín Adán, otro vicioso del mirar, en Lima los veranos son amarillentos y naranjas como los duraznos, y los inviernos absolutamente pálidos.

Pero, bueno, me vine por Lima. Recogí los dos libros que le preste a V. Bien, tenerlos me da la posibilidad de leerlos y, eventualmente cuando me quede misio, venderlos. Pensaba escribir sobre esto, pero me tomé un vaso de maca caliente y me senté a mirar la ciudad, su olor y movimiento.

Y me llené nuevamente de vida y caos y desesperación, entonces, seguí andando hasta Plaza 2 de Mayo y busqué un ciber; no encontré sino prostitutas rollizas, jóvenes estudiantes como bellos abedules jaspeados por el salvaje viento cargado de fritanga y bullicio, cuando apareció con Ribeyro.

Flaco y espigado, alto como un girasol, con un viejo gabán, Ribeyro miraba desidioso una mata de diarios de la tarde, aprisionados por ganchitos de plástico.

-Hey Ribeyro, un pucho- le dije, por joder.
-Hola, disculpa, ¿te conozco?

Sus ojos achinados. Su voz reseca. Hueca y serena. La eterna desmesura del tabaco.

-Hola, disculpa, me llamo Julio, también como usted, quiero ser escritor.
-Entonces deja de molestar a los muertos y ve a casa. Lee y empieza tu primer relato.

Me acuerdo que una vez mi tío Lucho me contó que conoció a Ribeyro en un bar de Miraflores. O del centro. Estaban bebiendo con furia esa noche. Ribeyro quería cumplir su sueño: subir a una mesa, bailar y ser arrojado por los mozos.

-Ribeyro, quiero ser escritor-titubeé-, de verdad quiero escribir cosas hermosas y memorables y salvajes, que palpiten como universos recién formados. Urgentemente bellos. Escribo, escribo poemas.
-Lucha, Julio, lucha. Es tu tiempo. Ahora tengo que irme, me acabo de acordar de un asunto importante.

Ribeyro se perdió entre una señora que servía anticuchos con rachí* y papas amarillas; yo me quedé con un agujero en el corazón, revisé mis últimas monedas, (soy un orate que despilfarra su dinero, pensé para mí) y me vine a un ciber a contar mi hazaña.

*Trozos de vaca que se fríen y se venden con papa y corazón de res.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.