“Los elementales”, de Michael McDowell

Germán Cáceres

 

 

 

McDowell muestra su oficio con una prosa de construcción perfecta, que se torna muy precisa en las descripciones y utiliza una adjetivación personal. Esta escritura abunda en belleza y en detalles, como si el autor estuviera estudiando los paisajes y edificios a la manera de un entomólogo (“La luna nueva era un parche negro cosido a un tapiz todavía más negro”). Impecable la traducción de Teresa Arijón.

En el comienzo se relatan rituales extraños que tienen lugar en la ciudad de Mobile, Alabama, y en la perturbadora conducta de la familia Savage. Es significativo también el tratamiento del tema de la muerte, que, según la solapa del libro, era crucial en la propia vida del escritor, pues coleccionaba “ataúdes de niños, fotos de cadáveres, de cráneos, de escenas de crímenes, lápidas,…”

El autor está considerado como uno de los más brillantes exponentes del gótico sureño, pero el espíritu de esta novela de horror impresiona más bien como una historia convencional, propia del siglo XIX, una suerte de déjâ vu.

McDowell va desparramando datos sueltos y confusos sobre tres casas situadas en la playa Beldame, en Alabama, que son visitadas por las emparentadas familias Savage y McCray. Paulatinamente comienzan a surgir los conflictos que no logran superar los personajes, como el alcoholismo de la señora Big Barbara. Y, casi inadvertidamente, se va instalando el clima de extrañamiento y de terror, como si fuera un trauma que arrastran los protagonistas desde hace años sobre una mansión deshabitada que llaman la tercera casa (“En las olas se podía oír cualquier cosa: el canto de las sirenas o los pasos de los muertos sobre la arena.”)

La intriga se mantiene porque al final de los capítulos se mencionan hechos inexplicables y se aguardan acontecimientos misteriosos.

En mitad de la novela Odessa, una mujer supersticiosa, empieza a hablar de brujerías: “Los muertos regresan, pero no siempre recuerdan quiénes fueron.”/”Son los espíritus que viven en el infierno…” Y Michael McDowell logra que los hechos espeluznantes se incorporen naturalmente a la historia, como si se trataran de sucesos normales. Los personajes soportan visiones de muertos o sueñan con ellos. El lector percibe que se avecina una tragedia truculenta.

En la segunda mitad de la novela, el personaje Luker define a los «Elementales» como “La clase de espíritus que están en la tercera casa”/”…eran simplemente presencias, amorfas e insustanciales.”

Paralelamente al clima de extrañamiento y de episodios sobrenaturales que se instala, deviniendo el texto en un relato fantástico, transcurre una historia realista de un matrimonio desavenido, los McCray, contraste que da fuerza a la narración al intervenir las eternas pasiones y fallas humanas.

La obra de Michael McDowell (1950, Alabama-1999, Massachusets) recibió elogios de personalidades de la talla de Stephen King, Tim Burton, Peter Straub y Poppy Z. Brite. Es autor de las novelas The Amulet, Cold Moon Over BabylonyBlackwater. También escribió guiones televisivos y cinematográficos (especialmente para Tim Burton).

Los elementales”, de Michael McDowell. (La Bestia Equilátera, Buenos Aires, 2018, 312 páginas)

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