Dios es más rápido

Estefanía Farias Martínez

El sacrificio de Isaac (1616)-Pedro Orrente

 

 

Un miembro de la organización se acercó al vestuario de los linier media hora antes de empezar la semifinal; se llevó a Salvador a una esquina y en voz baja le hizo una recomendación extra-oficial: era conveniente que el anfitrión llegara a la final. Los 90 minutos no fueron suficientes para que ninguno de los equipos marcara, sin embargo, un gol fantasma en el descuento permitió a Salvador cumplir con el encargo. Los jugadores del equipo perdedor se abalanzaron sobre él, dispuestos a estrangularle y despedazarle, y el personal de seguridad saltó al campo para reducirles; los hinchas clamaban venganza desde las gradas; las autoridades desplegaron los antidisturbios en las postrimerías del estadio para contener a la masa enardecida; como parte del dispositivo se prepararon autobuses para trasladar inmediatamente al equipo visitante y a su afición a su ciudad de origen. Al día siguiente Salvador circulaba por una carretera comarcal desierta cuando un cordero apareció de la nada frente a él, dio un volantazo para esquivarlo y destrozó el coche contra el único árbol que había en aquel tramo. La noticia del coma irreversible en el que se encontraba el árbitro tras el accidente saltó a la prensa esa misma noche, y un hincha del equipo ultrajado comentó en una entrevista: “No fueron los nuestros, no les dio tiempo: Dios es más rápido”.

 

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