Cartas a mi madre

José Manuel Ramallo

Around a red mouth (1967)-Hanna Hoch

 

 

Noviembre de 1978

1ra carta a mi madre:

Consideraciones: 1) En vista de que usted nunca me escucha, he dejado de hablar para comenzar a escribir. 2) En vista de que usted ya no me trata como a un hijo (¿acaso alguna vez lo hizo?) yo ya no la trataré más de “mamá” sino que le diré Señora o Madre. Como un título que usted se ha ganado, a causa de sus otros hijos. Pero no como madre mía. 3) En viste de que a usted no le interesan mis lágrimas, he comenzado a consumir cocaína. Escapando un poco de la realidad, sufro menos.

Yo, su hijo, el segundo.

 

Mayo de 1979

2da carta a mi madre:

Las consideraciones de mi carta anterior no parecen haber hecho mella en su vida, Señora. Eso quizás se deba a que nunca le envié la carta, porque carecí de valor para hacerlo. Pero aún así, sostenía la esperanza de que usted leyera mi angustia a través de mis ojos, sin necesidad de ninguna carta. Pero he comprobado que usted sólo tiene ojos para mi hermano, el mayor, y mi hermana, la recién nacida.

Estoy considerando la posibilidad de irme de su casa, pero mi escasa edad y mi falta de capacidad para generar dinero hacen imposible mi independencia.

No obstante, la idea permanece latente. Si algún día ya no me encuentra en casa, ya sabrá lo que ha sucedido.

Yo, su hijo, el segundo.

 

Noviembre de 1979.

3ra carta a mi madre:

Hoy usted me ha dicho con triste sinceridad, pero con poco dolor, para tan frías palabras, que soy producto de un embarazo no deseado. Más precisamente de una violación.  Eso no justifica su desprecio hacia mí. Por el contrario. Permítame confesarle que yo también he sufrido una violación, con penetración anal. No le diré quién fue el abusador, demasiada vergüenza me da admitir que yo, un hombre, ha sido violado por otro hombre. Presiento que usted ya sabe de esto, y no sólo eso, sino que además sabe quién lo hizo.

Creo que la cocaína me está matando, usted no lo nota porque nunca me mira, pero yo lo noto en el reflejo del espejo.

Yo, el no deseado.

 

Septiembre de 1980

4ta carta a mi madre:

Debo irme urgentemente. A causa de mi adicción a la cocaína, he ofrecido mi cuerpo como forma de pago. Y, como consecuencia de ello, he adquirido HIV. No me lo ha dicho ningún médico, pero yo me doy cuenta

Una vez fuera de esta casa, seguramente tendré el valor de enviarle esta carta y todas las anteriores.

Yo, el no deseado

 

Marzo de 1982

5ta carta a mi madre:

Hoy cumplo 17 años de edad. Estoy a tan sólo un año de convertirme en hombre, o, al menos, el recuerdo que queda de él.

Matilde, Estefanía y Carolina me han hecho un regalo extraordinario (…) me río y lloro a la vez (…) ya no sé qué sentir (…) ya no sé lo que es sentir (…) estoy muerto en vida.

Decía que me han regalado algo muy costoso y que, sin duda alguna, me ayudará a obtener mayores ingresos económicos. Ellas (ellos) me han pagado la operación para que luzca como una mujer, y pueda prostituirme públicamente. La tarjeta de cumpleaños decía: “Los hombres se excitan más así. Es verdad que muchos se apasionan teniendo sexo con un muchacho tan puro como vos. Pero, si te ves como una mujer, podrás tener mayor ingreso económico. Mucha suerte, que disfrutes tu regalo”.

Aún no me he atrevido a enviar estas cartas. Quizás se deba a que no he tenido noticias sobre mi búsqueda. Deduzco que usted está feliz con mi ausencia y por ello no ha realizado ninguna denuncia.

Yo, el no deseado.

 

Diciembre de 1982

6ta carta a mi madre:

Las chicas y yo hemos salido de la calle, gracias a un manager que nos da techo y comida. Los clientes son menos vulgares, sanos y adinerados. Inclusive, más de uno me ha hablado de amor. Están casados y tienen hijos, en su mayoría. Pero aún así me han ofrecido dejar todo y sacarme de este lugar, para comenzar una nueva vida, juntos. Me hubiese encantado aceptar, pero no puedo mentirles. Ellos son demasiados amables y generosos conmigo, como para engañarlos: el HIV. Me consume cada día un poco más.

He pedido ayuda a los sacerdotes que concurren a este lugar. Pero, cuando les pido su bendición y oración por un milagro, se largan a llorar y se marchan, sin siquiera pagarme. Es entonces cuando el patrón se enoja y me pega. La hebilla del cinto en mi piel me duele mucho. ¿Pero, sabe qué, Señora? Más me duele ver su rostro, Madre, en el de mi patrón, mientras me pega. Supongo que aún no he podido olvidar sus injustificadas palizas, cuando yo era chico.

Estoy decidido a enviarle estas cartas mañana por la mañana. Le adjuntare una dirección, por si acaso le interesa responderme. De no obtener respuesta alguna, podré estar convencido de que a usted  nunca le importó mi partida.

Yo, el no deseado.

 

Enero de 1983

1ra carta a Dios:

Si realmente existís, si en algún lado estás, si puedes oírme, por favor hazle saber a mi  madre que la perdono y que la amo. Que el día que fui a llevar las cartas al correo, leí en el diario la noticia sobre su muerte, en accidente automovilístico. En el mismo se informa que ella viajaba con mi hermano, el mayor. Ambos murieron en el acto. Razón por la cual ahora soy feliz. Muerto mi violador, ya no tengo rencor. Muerta mi creadora (involuntaria) ya no tengo más dolor.

Dile que la amo y que la perdono. Díselo por favor. También dile que ya no podré seguir ejerciendo la prostitución, porque el HIV me ha consumido. Con suerte escribo, manteniendo el pulso. Pero soy libre de todo odio y rencor, ahora. Puedo volver a sonreír, luego de varios años, puedo volver a sonreír.

Y ya lo ves, Dios, me voy de este mundo, de la misma manera que llegué: involuntariamente y llorando.

Gracias por tan horrenda vida que me has proporcionado.

Yo, el más desdichado.

 

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