ALEXIS ZORBA, EL GRIEGO

Diego M. Rotondo

 

 

Cuando alguien me dice: Zorba, el griego, me imagino a un hombre bailando, dando saltos y chocando las suelas de sus botas en el aire. No son muchos los que realmente saben de dónde proviene este nombre, algunos creen que de una canción, de una obra de teatro o una película; pero a casi todos les evoca algo.

Hace unos meses, mientras veía un programa de crítica literaria, un lector le dijo al entrevistador que el libro de Niko Kazantzakis, “Alexis Zorba, el Griego”, le había cambiado la vida, en pocas palabras, se la había salvado… Por supuesto me pareció una exageración, propia de alguien que ha leído poco. Sin embargo, al ver cómo a este tipo se le humedecían los ojos mientras aseguraba que esta novela era una Biblia para él, no pude resistir la tentación de leerla. Así fue como conocí a Zorba, el griego.

La historia comienza con dos tipos que se conocen en una taberna de marineros mientras aguardan que zarpe un barco rumbo a Creta. Zorba, un muchacho de 60 años, de espíritu salvaje y errante, le pide al otro que lo acoja como siervo y lo lleve en el barco. El cariño entre ambos se produce de manera instantánea, la personalidad entrañable de Zorba cautiva a su interlocutor, un hombre ilustrado, que busca la verdad de la vida en los libros y en las ideas budistas.

Juntos, Zorba y el patrón, como él lo llamará, se embarcarán hacia Creta para dirigir una mina; allí, en una aldea idílica, vivirán toda clase de peripecias.

La novela mantiene su ritmo de principio a fin, Kazantzakis tiene una prosa bellísima, aunque de a ratos puede volverse cargante por sus excesivas reflexiones: todo lo que se cruza en su camino, desde el ala de una mosca hasta la estrella más lejana de la Vía Láctea, lo conmoverá de sobremanera. Por suerte, la ruidosa personalidad de Zorba hará que el lector se mantenga firme página a página, aguardando impaciente su próxima ocurrencia.

De más está decir que “Alexis Zorba, el griego” es un canto a la amistad y a la vida. Eso es lo más valioso que el lector obtendrá de su lectura. Un punto oscuro que puede opacar un poco la historia, es ese machismo paradójico de Zorba: al mismo tiempo que dignifica y adora a la mujer, la rebaja al grado de retrasada mental; no obstante, hay que situarse en el lugar y en la época: principios del siglo XX; y sobre todo en el protagonista, un hombre que más allá de su sabiduría, no deja de ser un bruto. Con todo, me atrevo a decir que es una de las novelas más hermosas que he leído, y que si bien no me ha salvado la vida como a ese lector conmovido, me ha hecho replantear el sentido de muchas cosas.

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