Gota

Marcela Chaoul

 

 

Enciende su máquina de ejercicios. Aumenta la velocidad; la máquina se eleva. El paisaje enseña el Himalaya. Soleado. Le pega el frío de la nieve. Se estremece. Aprieta un botón: la cara se baña de crema protectora. Con otro, toma agua. Rechaza un llamado telekinético. Pone los brazos estilo pájaro sin dejar de caminar. Se agita. Mantiene la respiración constante. Cierra los ojos, vuela. Suena un pitido. La montaña se difumina. La máquina vuelve al plano. Frena. El Ihand le acerca una toalla. Se seca. Una gota cae en su remera rosada.

Dentro de la gota aparece la imagen del sueño repetido.

La agarra. La coloca delante de sus ojos. La contempla. La señora de la imagen es igual a ella. Misma remera. Pelo rojo. Pecas en toda la cara. No sabe quién es su madre. Tampoco su padre. Creció en un orfanato. Agranda la imagen. Al costado dice 1850. Trecientos años. Mira su rostro. Toca la nariz de la imagen. Toca su nariz. La misma piel. Mismo hueso salido a la derecha. Busca un cuchillo. La imagen sigue delante de ella. Se lo clava en el cuello. Se desangra.

Suelta la toalla. El Ihand la recoge.

 

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