Balada del pobre

Miguel Rubio Artiaga

 

Esta es la balada del pobre,
el canto del oprimido,
la nana del niño hambriento,
el réquiem del fusilado
y del torturado el aullido.

Los beatos, desde los palcos,
lamiendo el culo a los ricos,
se ríen, tirando migas
a los miserables actores,
en mitad del escenario,
satisfechos de sus llantos y gritos.

Esta es la ópera de Viridiana,
la zarzuela del vagabundo,
el sainete de la Libertad
seguido por un coro de plañideras
silbando en solfa, Nabuco.

Brillan las joyas en los asientos
de señoronas de cuna de plata,
envueltas en piel de cadáveres,
perchas de muerte temprana
y silueta cruel y funeraria.

Este es el tango del hambre,
la canción de la fosa común,
la milonga del hombre triste,
la tragedia de la injusticia,
el musical del lamento oscuro
y el himno de un mundo sin luz.

 

En el gallinero los esquiroles,
los confidentes, de porteros,
los camareros mercenarios,
sicarios los apuntadores,
acólitos del amo con látigo
y adoradores del talonario.

La orquesta encadenada,
instrumentos desafinados,
notas compuestas en celdas
y escritos en mortajas
de presos muertos esclavos.

Esta es la balada del bufón,
no la del excelso poeta,
que cobarde disfrazado
escribe desde su trono,
como artículo de lujo
escudado en la belleza.
No son tiempos de poetas de salón,
es el momento de los versos de guerra,
los más justos, los más rudos, los más duros,
la rabia aliada con la razón,
el miedo vencido, por su deber de trovador,
escribiendo, si hace falta, en cualquier muro.

 

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