Dolor de amor

Miguel Rubio Artiaga

 

 

Surgió de entre sus dedos crispados
los años pasaron en un segundo
acentuando las arrugas de su cara.
La pena se dejó ver con toda su corte de eunucos.
Sus ojos parecían dos espejos empañados.
Por un momento pensó que todo era mentira
un espejismo de una pesadilla.
¡Pero no, estaba pasando
ahora, en ese mismo momento!
¡Cómo le hubiera gustado ser ciego!
¡Nunca hubiera pensado
que el amor pudiera doler tanto!
Fue un caer de granito rocoso
un martillazo en la frente
el quedar acallado un grito de angustia.
El suicidarse en su único vuelo
de una hoja marchita en Otoño.
Quiso correr, desaparecer en el aire.
Pero se quedó quieto, paralizado.
Un cuerpo que era parte del suyo
estaba sudoroso a otro cuerpo enredado.

No le vieron entrar,
no le oyeron callar,
ni apoyarse en el marco de la puerta
con el corazón hecho pedazos.
Durante unos minutos miró.
Ni le oyeron mirar
Ni le oyeron no llorar.
Una diapositiva como una corona de muerto
quedaría en la retina de sus ojos húmedos.
El amor y la amistad en su habitación
La amistad y el amor entregados en su cama.
Cada gemido un mordisco envenenado.
cada gesto, cada beso, como un mazazo.
Cuando creyó que iba a morir
el dolor le cogió de la solapa
y le ayudó a cerrar la puerta despacio.
Tenía que ir a recoger los niños al colegio.
No quería que nadie lo viera llorando.

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