Corina Vanda Materazzi, una voz que se levanta con fuerza

Fernando Morote

Fernando de Szyszlo

 

Uno de los retos más difíciles para un escritor es encontrar su propia voz: el tono, la aproximación, el enfoque que lo distingan de los demás. Es un trabajo duro que inevitable y necesariamente toma mucho tiempo y un resultado que se consigue en base a ejercicio continuado, experimentación audaz y ensayos sin desmayo.

La argentina Corina Vanda Materazzi hace su segunda entrega con el libro de cuentos titulado “Voz en off” (Peces de Ciudad, 2017). En el prólogo defiende su vocación y define su posición en la aventura de escribir. De esta declaración se intuye una seria pasión por contar historias activando esas voces que en algún momento han impactado su vida y que por diferentes motivos se han encontrado silenciadas durante años. Para ello utiliza una estructura original, extendiendo varias líneas simultáneamente, de modo que la trama se va construyendo a fragmentos y el lector puede participar en la dinámica de la narración sólo si se mantiene atento a los detalles.

Son relatos demoledores en muchos sentidos. Indican que la autora tiene los pies bien afirmados en la tierra. No regatea en el empleo de palabras duras. Y aplica lo soez con particular encanto. Su naturalidad en el discurso es un aspecto especialmente destacable. El lector puede enfrentarse a textos bien logrados, muchos de ellos contundentes, que despiertan diversas emociones. De sus páginas emergen situaciones enigmáticas, conmovedoras, graciosas, abordadas en su mayoría con una actitud liberal, que es a la vez sazonada con una refresacnte dosis de atrevimiento.

Otro punto fuerte reside en su habilidad para evitar la tendencia feminista, con frecuencia ineludida en composiciones ofrecidas por mujeres. Pese a que sortea con éxito la tentación del fraseo idílico, en ciertos pasajes cae en el terreno de la filosofía y holla el campo poético, lo cual resta fuerza a su energía narradora. Algunos cierres se presentan anticipados, eliminando la sorpresa del final, y dejan la sensación de que pudieron explotarse mejor.

De los 18 relatos que integran el conjunto una selección de calidad incluye ciertamente los siguientes: “Pimer puesto”, “La lista”, “El mismo frío de mi pueblo natal”, “Sin teta sin nombre”, “Boda de cristal” y “Muerte natural”. Cada uno de ellos expresa la personalidad de Materazzi, su deseo de comunicar con firmeza aquellas voces que ha escuchado en otros y que sin duda reflejan la suya también.

“Voz en off” confirma que en literatura –como en todo el arte en general- no es tan importante el fondo como la forma. Por encima de la historia que se cuenta prima la manera en que se cuenta. Corina Vanda Materazzi explora ese camino sin prejuicios.

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