Museo del Sexo de Nueva York (un banquete lascivo en Manhattan)

Fernando Morote

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De visita en Nueva York, no es nada despreciable la oportunidad que tienes de admirar los originales de algunas obras maestras de genios como Gauguin, Van Gogh, Picasso o Pollock. Entre más de 90 museos, incluyendo los famosos Guggenheim, Metropolitano y Arte Moderno emerge uno que, no por menos promocionado, deja de ser una parada frecuente en el circuito cultural de la ciudad.

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Abierto en el 2002, y situado en la esquina de la Quinta Avenida y la Calle 27, a escasas cuadras de iglesias y escuelas (lo cual habla con mucha elocuencia del carácter liberal del espíritu neoyorquino), el Museo del Sexo es sin duda una atracción irresistible.

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A la entrada los administradores, conscientes de la debilidad de la carne, han instalado un rótulo cuyo tamaño hace imposible ignorarlo. Contiene una sana advertencia: “Por favor no tocar, lamer, acariciar o montarse en las exhibiciones”.

Cruzas la doble puerta de vidrio e ingresas a un patio circular de sugestiva fosforescencia que te invita a desbloquear tu curiosidad en un ambiente de cómoda intimidad. El vistazo inicial es difícil de fijar. Demasiados objetos interesantes reclaman tu atención. Lo primero es sacarte de encima esa obsesión que tienes por las nalgas femeninas. De pronto dudas si viniste a ver el museo o lo que camina dentro de él. Habrá una multitud, te lo aseguro. No tan nutrida como para impedirte el paso, pero sí suficientemente provocativa como para distraer tu propósito.

Contra lo que una mente frívola y fácil pudiera pensar, el museo no es nada parecido a un prostíbulo, bar, cine porno, tienda para adultos, antro, club promiscuo, escuela o santuario de la obscenidad. Es mucho más que eso.

MoSex 9Las vitrinas colmadas de juguetes y accesorios eróticos, al lado de muñecas de goma en bikini y ropa interior son acompañadas de estantes atiborrados de libros y DVDs abordando estudios científicos y cruda pornografía. Mesas repletas de antiguos condones procedentes de épocas remotas se ven escoltadas por paredes cubiertas de luminosos penes multi-colores y mantas compuestas de argollas y aros simulando vaginas para masturbarse (no vayas a intentarlo en público, por favor).

mosex-4El extenso capítulo de fetiches representados en los escaparates por maniquíes vistiendo variedad de calzados, lencería, uniformes militares y otros aparejos, no te permitirá creer que ese tipo bigotón y fornido, tan machote en la foto, haya sido mujercita alguna vez. No encontrarás aquí discriminación, censura ni reproches. Homosexuales, bisexuales, transexuales comparten espacio con robots, mamíferos e insectos ensayando diferentes posiciones copulatorias.

A lo largo de un corredor se despliega una línea de auriculares rojos que te desafían a probar una suculenta sesión de sexo telefónico. mosex-21El área aledaña de perfumería y aromas exóticos potencian tu traviesa libido. Entiendes ahora por qué el anuncio del vestíbulo te es recordado continuamente mediante pequeños y graciosos letreros, según vas hollando territorios más calientes.

La información sobre métodos anticonceptivos y la historia sobre el desarrollo del control de la natalidad son complementadas con útiles consejos para tener sexo seguro y prevenir enfermedades o embarazos no deseados. mosex-12La evolución en el uso del vello púbico femenino que, conforme van cambiando los tiempos, pasa de frondoso a mesurado y termina rasurado, se presenta de un modo gráfico con el uso de tarjetas. Y aunque las pancartas no glorifican las orgías, tampoco omiten mencionar que “en la naturaleza, el sexo con más de una pareja no es nada raro” y que “las relaciones homosexuales, en el mundo animal, no son una anomalía o una inadaptación sino una red de apoyo social basada en el afecto mutuo”.

mosex-23En otro ángulo del edificio, una oscura recámara alberga una colección de artefactos de madera e instrumentos de metal que enfatizan la predilección de algunos por el sado-masoquismo y describe cómo la tortura puede, en este caso, conducir al placer. Para compensar un poco la pesadez de la atmósfera en el tétrico cuarto, los folletos disponibles se titulan “El arte de la masturbación o masturbarse con estilo” y “Amor anal y oral”. No serán piezas de literatura, pero poseen un alto contenido educativo.

mosex-10Camino al sótano encuentras un segmento completo de dibujos animados, caricaturas y esculturas reseñando diversos ejemplos de fornicación. Abajo, una amplia sala –tenuemente iluminada-, ofrece en multitud de pantallas empotradas sobre los muros una surtida muestra de películas, videos y documentales. Tras las escenas de apareamientos en grupo pertenecientes a la década del 50’, campos-playas-y-clubes nudistas correspondientes a los años 60’ y un coito a la carrera escondido en un baño público durante los 90’, destaca un cortometraje de 10 minutos, fechado en 1914, que constituye la primera película porno filmada en los Estados Unidos. La trama es la clásica: un par de quinceañeras, perdidas en un paraje solitario, exhaustas de tanto caminar, piden socorro al chofer de un vehículo que asoma de improviso; el solícito caballero las ayuda con tanto afán que termina almorzándose a las dos chicas, una por una primero, luego a las dos juntas, entre los arbustos.

mosex-16De vuelta al primer piso, en una de las alas, puedes descansar sentándote en uno de los altos banquitos de la barra decorada en rojo y violeta. En su menú sobresalen brebajes con nombres más afrodisíacos que su esencia: “Perséfone, la reina del bajo mundo”, “Flor Nocturna, de potencia y lujuria”, “Azteca, para la estimulación y la euforia”, “Rosa de Shangai, experta en seducción y devoción”, “Demonio con suerte, por su excitación y alegría”, “Cleopatra, diosa del encanto”.

Al salir te queda la sensación de que has asistido a un lugar donde puedes apreciar el sexo por el puro placer de hacerlo, sin ser sometido a juicios críticos ni a las represiones impuestas por la religión. “Cuando es visto correctamente, todo es lujurioso”, dice la letra de una canción de Tom Lehrer, escrita en 1965, reproducida en uno los apartados.

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La próxima vez que tu novia, esposa o amante te pesque medio desconcentrado cuando insista en que atiendas sus demandas sensuales, convéncela de que te acompañe al Museo del Sexo (aunque sea un paseo virtual en www.museumofsex.com). Te aseguro que, después de ilustrarla un poco, le darás todo lo que ella quiere….en el tálamo.

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