¿Quién es Oscar Perdomo Marín?

Miguel Rubio Artiaga

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¿Quién eres? Puedes comenzar en la noche, al medio día o a media mañana.  

-Soy un ser humano, hijo de muchos pedacitos. Quizá porque tuve a la calle como primera escuela. No conocí la figura paterna, aunque sí tengo un recuerdo físico muy borroso de mi padre biológico. Mi madre fue una excelente mujer. Me dio todo lo que pudo y el resto, me lo dieron las aceras, el fango, la pobreza, el tener que sobrevivir en la selva urbana y ganarme el Pan Nuestro de Cada Día, desde los ocho años ¡Eso sí!, conversando con las estrellas desde el alba de mi vida.

Cuando hablas de pedacitos…

– Yo era el vendedor de diarios en la calle, de lotería, el lustrabotas, el carga maletas, líder entre mis amigos fugaces, el niño que buscó a alguien en la calle para que lo representara en el colegio, el adolescente del mercado, el líder estudiantil por la noche y por el día, muchacho de oficina, en fin…

En esa perspectiva ¿Crees que la poesía, la literatura, debe ser siempre comprometida o no?

–El primer compromiso del escritor debe ser con la vida y la vida es una categoría abarcadora, total. De alguna manera, el poeta, el narrador es un reflejo de su época y por tanto, su obra, tiene un compromiso con sus vivencias. De lo contrario, en mi opinión, su obra es muerta, vacía, estereotipada. No me imagino a un poeta sirio de espaldas a la terrible realidad de la guerra que le han impuesto a su país o a un aristócrata realizador británico, francés o español indiferente al té de las cinco de la tarde, el buen vino o el chorizo en los cafés de Londres, París o Madrid. Los orígenes siempre pesan y trasciendes cuando los saltas y enfocas en tu obra, el dolor, la tragedia, la decadencia, la utopía de un mundo diferente. Por eso brilla un Conde Tolstoi, un bon vivant como Honoré de Balzac, un hijo de la clase media acomodada como Federico García Lorca; un mimado privilegiado de los comunistas como Pablo Neruda o un genuino representante del ser norteamericano como William Faulkner. En esa perspectiva, los grandes creadores son reflejo de su tiempo y eso es en sí mismo, un compromiso.

La belleza es revolucionaria en si misma?

Es revolucionaria en el sentido en que mueve las fibras del artista para crear, a partir de ella y también, mirar en el fango. Los lirios y los nenúfares nacen y deslumbran en los pantanos. La perspectiva estética no se puede obviar en la obra de arte, llámese La metamorfosis de Kafka, la poética de Miguel Hernández, el Guernica de Picasso, el Hamlet de Shakespeare, las Iluminaciones de Rimbaud, la Condición humana de Malraux o Doña Bárbara, de Gallegos.

¿Nace el poeta o se hace?

–Hay dos opiniones divergentes: una dice que nace y otra que se hace. Creo que la fusión de ambas es la correcta. Hay seres que nacen con una sensibilidad extraordinaria y carecen de un modelo que la encauce, llámese un intelectual de la familia, un tutor, la clase de literatura en la escuela; otros que tienen el modelo y carecen de la magia sensorial para interpretar la vida o la sociedad en que viven. Hay que nacer y “hacerse” a través de la investigación, la lectura. Nada en el arte se desarrolla por generación espontánea. Todos tenemos un genio adentro, la cuestión es encontrarlo y luego, alimentarlo, vestirlo, calzarlo y soltarlo en versos o prosa poética.

¿Algo sin libertad, puede no estar enfermo?

–El espíritu del hombre es libre, aunque el hombre esté en un calabozo. La libertad del pensamiento tiene su propia música inatrapable. Miguel Hernández no abandonó la poesía bajo la cárcel franquista. Diría que lo mejor del sí poeta de Hernández, nació tras las rejas, igual que el gran bardo turco Nazin Hikmet, cuya poesía fue más fuerte, universal y libre desde la cárcel.

¿Tu libro de la Venezuela actual refleja fielmente la situación de tu país? ¿Hasta qué punto está escrita en segundas palabras?

–Mi novela Tenía que morir, parte de la realidad de una década, tras el asesinato en atentado explosivo de un conocido fiscal del Ministerio Público, comprometido ideológicamente con el régimen de Hugo Chávez. Solo cambian los nombres, algunos escenarios impuestos por la ficción que la narrativa exige en la trama. Hay una gran parte del texto escrita en segundas palabras, por obvias razones de seguridad, puesto que la novela retrata una sociedad de cómplices y en la punta de la pirámide una conspiración dentro del propio gobierno para asesinar a uno de los suyos. La cabeza de esa conspiración es el Vicepresidente de la República, acusado por familiares de la víctima de haber ordenado el crimen.

¿Existe el amor? ¿Qué importancia le atribuyes al sexo? 

-El amor, desde mi óptica, es el sentimiento universal por excelencia y sin entrar en disquisiciones de si es inherente o no, al resto del Reino Animal. El amor es inherente a la razón, aunque Shakespeare escribió y yo me dejo ganar por esa afirmación, que “El amor es el triunfo del sentimiento sobre la razón”. Yo le añadiría a la afirmación del gran poeta inglés, que el amor es el triunfo del sentimiento sobre la razón lógica, porque el amor es esencialmente ilógico. Yo no puedo cuantificar cuánto debo o no debo amar a alguien o si debo amar a ese alguien. Se ama porque se ama. Se piensa en lo que se ama y el pensamiento es inherente a la razón humana.

En cuanto al sexo, ya Sigmund Freud afirmó rotundamente que todo gira alrededor del sexo. Visto así, el tema es altamente controversial. Prefiero refugiarme en el campo de las metáforas y decir sin rubor que el mundo sin sexualidad y sensualidad es un desierto estéril.

¿Quedan mitos en tu vida?

–Somos permanentes creadores de mitos. Homero y Virgilio fueron grandes creadores de mitos; también Valmiki, con su monumental Ramayana. El mito de un mundo posible a la medida de mis sueños, vive dentro de mí. Lo doloroso es descubrir que la igualdad es todavía una utopía y la rebeldía de Espartaco contra el Imperio Romano se transformó en un mito de los desposeídos como las tres banderas que justificaron la Revolución Francesa: Libertad, Igualdad y Fraternidad (Con mayúscula) Finalmente, el gran beneficiario de la La Toma de la Bastilla, el 14 de julio de 1789, fue Napoleón Bonaparte.

¿Crees en la magia?

–Creo en el pensamiento mágico de Cervantes con el Quijote, en la magia del sentimiento amoroso, en lo real maravilloso de la narrativa de García Márquez y Alejo Carpentier. Si no existiera la magia como expresión de deslumbramiento, el hombre tendría que inventarla. La poesía es en sí misma, pensamiento mágico y yo creo y practico ese pensamiento. A veces, el auto engaño deviene necesidad del hombre, porque como escribió Calderón de la Barca: “La vida es sueño” y Antoine de Saint-Exupéry con “El Princito” nos conduce al mundo irreal de un personaje y un minúsculo planeta, que nos muestra el camino de ser algo mejores como seres humanos.

Cuéntame de tus libros y autores preferidos 

Aparentemente fácil, es el tema más difícil que me has planteado porque temo dejar a muchos por fuera. El primero que viene a la cabeza es El Cándido de Voltaire, después todos los demás, Juan Cristóbal, de Romain Rolland; La sombra del viento, de Ruiz Safon; la dramaturgia de Shakespeare, La Biblia, la dramaturgia y poesía de Federico García Lorca; la poesía de Gustavo Adolfo Bécquer, César Vallejo, Antonio Machado, Sabines, Salas, Nicolás Guillén, Poe, Borges, Ramos Sucre, Rimbaud. La lista es demasiado larga.

En cuanto a influencia, reconozco en mí, mucho de Lorca, Vallejo y Bécquer y bastante de la poesía latina: Propercio, Cátulo, Ovidio, Virgilio, entre otros. Por supuesto, los grandes trágicos: Esquilo, Sófocles y Eurípides. En otro plano, soy un adicto a la historia y dentro de ella, el antiguo Egipto.

Pero ¿Y tus libros?

–Poca cosa: tres novelas, diez textos teatrales, un ensayo, dos poemarios, una treintena de cuentos, un centenar de aforismos y cerca de 400 entrevistas publicadas ¿Cosecha? Un premio de novela, otro de literatura, un cuento y un texto teatral finalistas en concursos nacionales. No te digo más, porque temo ser pedante.

Tienes alguna forma de escribir poesía, cierta técnica específica?

Trato de escribir o “hacer que escribo” todos los días y lo sumo todo al trabajo intelectual con una pequeña libreta de apuntes que llevo conmigo. No tengo un formato ni técnica específica para hacer poesía. Pienso que todas las formas poéticas son buenas: desde el verso libre hasta el soneto. Creo haberlas practicado casi todas y quien me lee o me escucha, ya identifica en mí, un estilo. Eso es bastante. A veces leo a un poeta y de allí me sale la inspiración y esbozo el poema, que fluye como agua de manantial y me imagino por momentos como escultor, tallando la materia, la imagen virgen que sale. Desde no hace mucho, practico la escritura automática, dejo volar la mente y en ocasiones salen cosas interesantes en alejandrinos, otras, octosílabos, endecasílabos, coplas de pie quebrado, pero sobre todo, verso libre y prosa. Pienso que el poeta se hace permanentemente.

¿Hasta qué punto es biográfico tu legado?

Hasta mucho. Cada cosa que haces es parte de tu ser. La escritura automática, por ejemplo te sorprende porque libera tu tormenta interior y tu percepción, digamos cósmica de tu vida y del lugar que presumes, ocupas en el universo. Ahora estoy escribiendo una novela basada en mi vida. Mi biografía en si misma, no es importante en términos narrativos, si la quiero novelar –y es la idea- tengo que desarrollar una trama con héroes y anti héroes, tal vez, siguiendo la triada aristotélica de principio, medio y fin. Tiene que ser un texto que atrape y ya no será la vida mía, aunque parta de ella.

¿Otra perspectiva?

Trabajar un grupo de canciones infantiles inéditas y un extenso poema épico: “Las egipsiacas”. Si Grecia tiene La Ilíada y la Odisea e Italia, La Eneida ¿Por qué no su canto, la tierra de las pirámides en el norte de África? Creo que Occidente tiene una deuda con una de las civilizaciones más antiguas de la Humanidad.

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