Sendas sin huellas

Miguel Rubio Artiaga

estrellas2

 

 

Me gustan las sendas sin huellas
las estrellas de la parte de atrás
que casi no se pueden ver
y las que juegan a carreras
cuando desaparecen
arrastrando su cola de novia
al entrar en otra dimensión.
Las calles de adoquines viejos
catedráticos de historias gastadas
las calles estrechas y empinadas
de algunos pueblos viejos.

Me gusta estar donde nadie estuvo
y prefiero las ruinas antiguas
que los absurdos rascacielos,
una selva de Torres de Babel,
las tormentas preñadas de rayos
sólo entre las montañas
y sentir el atávico miedo
que todos llevamos impreso
de cuando aún el hombre no hablaba.
La curvatura de un arco
que dispare flechas de absenta
contra los demasiado cuerdos.

Me gusta la noche solitaria
cuando solo estás contigo
arropado por el silencio
siendo el juguete de unas musas
que te van diciendo al oído
lo secretos callados de un verso.
El día está para estar,
la noche para ser.
Cerrar la cortina del día
para ser tu mismo en lo sueños.
Cerrar los ojos en la madrugada
con el despertar sonoro
de un griterío de pájaros
que vuelan aún bostezando
del vuelo al nido, del nido al vuelo.

.

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