Entreveros

Marcos Tabossi

kampfende-formen-1914

Formas luchando (1914)-Franz Marc

 

El pibe entró como si tal cosa y fue directo al mostrador. En ningún momento noté que mirara a los costados para asegurarse de que estuviera solo. No me di cuenta, si no, hubiese reaccionado antes. Me resultaba más sospechoso el viejo que se había pasado los últimos diez minutos con la mirada clavada en los perfumes. El pibe llevaba gorrita y era morochito, pero qué se yo, tampoco se puede andar juzgando de antemano a cada uno que entra. La cuestión es que se paró frente al mostrador y se quedó en silencio, como si de repente hubiese olvidado lo que iba a comprar. Miró para arriba y me preguntó por los precios de unas mamaderas, después me pidió preservativos sin decirme nada sobre las mamaderas, y ahí empecé a sospechar. Parecía que sólo preguntaba como maniobra de distracción o para tomar coraje. ¿Prime o  tulipán?, le pregunté. El pibe me dijo tulipán sin pensar, y metió la mano en el bolsillo del camperón para sacar la pistola; dale, dame todo, no te hagas el gil que te quemo de una, me dijo. Intenté decir algo para que se tranquilizara porque lo veía muy alterado. Fui hasta la caja y cuando levanté la vista el viejo de los perfumes se estaba acercando por detrás del pibe, con un arma apuntando hacia abajo y con una media en la cabeza. Pensé que venía de refuerzo porque el chico aparentaba ser un principiante, pero no. Levantó el caño y le apuntó a la nuca ¿Que hacés, nene? ¿Qué hacés metiendo las narices por acá? A mi me dijo que le diera todo y que hiciera rápido, que me apurara y que no levantara la perdiz. Volvió sobre el pibe confiando en que yo obedecería sin chistar y le dijo que se estaba equivocando, que la cosa ya estaba hablada con el Chupa y que si lo había mandado él, había hecho mal en ponerse como cabeza de gato, o algo así. Que estaba poniendo en juego su vida y que él era poronga  y que no le temblaría el pulso si tenía que limpiar a uno más. El pibe quiso defenderse y también le apuntó. Los dos se apuntaban a la cabeza mientras en la caja yo ponía la plata en una bolsa y evitaba levantar la vista.

El pibe le dijo que no tenía por qué meterse, que desde siempre esa zona había sido del Chupa y que él no tenía nada que ver con el quilombo que se había armado entre ellos. ¿Por qué el viejo tenía que agarrársela con él si el problema era con el Chupa? Pero el pibe no se tenía que mandar así, debía haber preguntado antes, hay códigos que si se rompen se paga con la vida. No me hagas perder tiempo, nene, hacete humo y decile al Chupa que se quede piola con su quintita y que no pise la mía, lo amenazó el viejo. Después volvió a mirarme y me dijo que no tenía todo el día, que también pusiera lo de la caja de seguridad. El pibe no reculaba, al contrario, le dijo como un chico de primaria que él había llegado primero, y que no lo jodiera más, que él ya estaba hecho y  lo mandó a disfrutar de su plata. Que bravucón resultaba el borrego, ¿eso lo habría aprendido del Chupa? El viejo lo trató de guachito jetón y se tomó el tiempo de marcarle un error de principiante al no llevar la cara tapada. Le indicó con la derecha la cámara de seguridad que tengo sobre una esquina y le dijo que estaba frito, que se borrara del barrio porque la cana lo agarraría por perejil y lo usaría de carnada para llegar al Chupa.

A todo esto yo ya había puesto todo en una bolsa y esperaba que se resolviera el asunto. Pensé en encerrarme en el bañito del fondo y llamar desde ahí a la policía, pero no quise hacer ningún movimiento que alterara aún más a los delincuentes. Los tipos alternaban entre apuntarse entre ellos y apuntarme a mí, la escena parecía un paso de comedia. Por fin el viejo dio el brazo a torcer y le dijo que agarrara la bolsa y se fuera, pero que no quería volver a verlo nunca más por la zona, que después mandaría un mensaje al Chupa, porque a él nadie le mojaba la oreja. El chico me miró a la cara y vio mi gesto de dolor, pero fue tarde, el viejo le había dado un culatazo en la nuca, a traición, cuando el pibe se adelantó dos pasos para agarrar la bolsa.

Así fue como conocí a Jonathan. Primero le saqué la pistola, después lo desperté del desmayo y lo llevé a la cocinita, le di un vaso de agua y un analgésico.  Se ve que lo conmovió mi gesto porque se sensibilizó y empezó a contarme que él no quería salir de caño, que el Chupa lo obligaba y que no era tan fácil cortarse solo, que sabía muchas cosas como para que lo dejaran salir de la banda. Me pareció que hablaba con sinceridad y por eso le propuse lo de ser cadete.

La verdad es que no me puedo quejar, no será una luz, pero le mete voluntad y me salva de los mandados.

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