Cómo curar una fobia

Francisco José Segovia Ramos

fobia

 

Mi psiquiatra, un hombre envejecido a pesar de sus cuarenta años, insiste en que mi agorafobia tiene cura. Para quién no lo sepa, padezco odio a los espacios abiertos; en concreto, a las grandes superficies comerciales. Cada vez que entro en una de ellas las migrañas me asaltan, siento que mis ojos enrojecen, y casi puedo notar que mis piernas son incapaces de llevarme de un sitio para otro. Me asfixio, y tengo la imperiosa necesidad de huir y refugiarme en la seguridad de mi hogar.

Mi psiquiatra insiste una y otra vez que todo es una cuestión mental simplemente, y que no existen efectos físicos. Mi mente juega conmigo –me dice- y yo debo superar ese juego y convertirme en un hombre sin complejos.

Llevo en tratamiento varios meses, y sigo sin poder entrar en esos grandes establecimientos, ni tampoco en los estadios de fútbol, o en los pabellones deportivos. Sé que no tengo cura. No, al menos, tal y como me la plantea mi psiquiatra.

Hoy, sin embargo, voy a curarme de una vez y para siempre: voy a enfrentarme a mis miedos.

Así que penetro en el centro comercial, con dos subfusiles guardados en una bolsa de viaje, y tres pistolas cargadas en los bolsillos interiores de mi abrigo. Hoy voy a limpiar de fantasmas mi mente.

Claro que mi psiquiatra diría que ese no es el método. Pero ahora está cómodamente recostado en el diván de su despacho, muerto de un disparo en la frente.

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