Crónica de una venganza reverenciada: ¨El conde de Montecristo¨de Alejandro Dumas y Augusto Maquet

Cristóbal Hernández García

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¿Quién no conoce a Edmundo Dantés y su historia? La venganza del joven injustamente encarcelado se convirtió, inmediatamente después de su publicación a mediados del siglo XIX, a manos de Dumas y Maquet, en un clásico universal, una de las obras de ficción más influyentes del mundo, la definición por excelencia de la VENGANZA con mayúsculas.

La historia de esta novela es por todos conocida. A Edmundo la vida parece sonreírle en la Marsella previa a la guerra de los 100 días; tiene un trabajo con prósperas perspectivas y va a casarse con la hermosa Mercedes. No obstante, tres hombres a los que consideraba amigos, pero que no soportan su buena fortuna, le acusan en secreto de Bonapartista, unido ello a un procurador del rey que sólo ve en culpar a un inocente la forma de salvar su carrera, propiciará que los huesos de Edmundo acaben en las mazmorras del castillo de If. Allí será olvidado, pero conocerá al abate Faria, un pobre monje que respondería al ideal de hombre universal de Da Vinci. Edmundo forjará amistad con Faria, que le instruirá en todos sus extensos conocimientos y le legará finalmente el tesoro secreto de los Sparda, cuya ubicación conoce. Al morir el abate y, después de 14 años de encierro, Edmundo conseguirá escapar de la cárcel. Poseyendo una fortuna mayor de lo que hubiera imaginado, se convertirá en un emisario de Dios bajo el nombre de “El Conde de Montecristo”, dispensando recompensas a aquellos que le ayudaron y castigando a todos aquellos que le traicionaron.

Lo primero, son 1000 páginas. ¿Demasiadas? No, es uno de esos libros que cuando vas por la página 600 maldices que sólo te queden 400 más por leer. Naturalmente tiene sus altibajos, en algún que otro momento la trama principal se ralentiza y también se insertan algunas historias secundarias que no son tan sugerentes como la del Conde… pero la novela es un folletín del siglo XIX, se publicó en periódicos capítulo a capítulo, y como tal está pensada para enganchar desde el primer momento. Su calidad es innegable, pero por encima de todo es una obra terriblemente entretenida.

dumas y maquetEl estilo de Dumas y Maquet es el del narrador omnisciente, que todo lo sabe y además viaja en el tiempo o en el espacio acorde a sus deseos, es uno de esos narradores que habla con el lector y parece pedirle su opinión o su complicidad en algunos momentos. Maneja en torno a una veintena de personajes, pero todos ellos están bien definidos y vemos cómo su pasado y sus acciones condicionan a otros tantos. Naturalmente el protagonista absoluto es el Conde, definición de fuerza y carisma que influye sobre todos (primero sobre el lector, pues es imposible no dejarse seducir por él, tan exageradamente grande y grandilocuente en todos sus actos o palabras), pero cada personaje tiene su motivación y es coherente con ella. Todos suman y no hay ninguno que sobre, todos están ahí porque pintan algo en la historia. Las descripciones no son demasiado largas, y son necesarias y disfrutables, pues la opulencia define en si al Conde; también aquí es digna de mención la descripción que hacen los autores de Marsella, Roma y Paris, así como de las sociedades mediterráneas de esa época (somos testigos del legado de Napoleón, de revoluciones en Grecia y España tangencialmente, tampoco reparan en evocar a artistas de la época, presentar las costumbres de las clases más altas y bajas, y explicar algunos entresijos de política, leyes o el mercado de valores). La acción es narrada con rapidez y claridad. El estilo de la novela es accesible y elegante.

El ritmo tiene algún que otro momento de bajón, como comentaba, pero en líneas generales es muy alto, con unos sucesos que acontecen rápido y una variedad de situaciones bastante notable. El desarrollo es una absoluta gozada por la tendencia a lo espectacular y misterioso del Conde en sus recompensas, y por sus venganzas dramáticamente retorcidas.

La única pega que le pongo al libro, junto a esos pequeños bajones de ritmo, es que, en su recta final, cuando las cosas se le complican al Conde, se ablanda un poco y empiezan las redenciones en busca de un final tradicional… cuando uno lo que quiere es ver al Conde ser absolutamente implacable, porque la historia te arrastra al oscuro placer de la venganza, a ese lugar donde uno siente que tiene que ser cruel con el resto porque es lo justo, la novela escapa de ese sórdido espacio y pierde gran parte de su fuerza.

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