Roque Dalton y la justicia poética

Pedro A. Curto

Roque Dalton

Cuando sepas que he muerto no pronuncies mi nombre, porque se detendría la muerte y el reposo”, dejó dicho Roque Dalton, poeta salvadoreño que fue asesinado en un agosto de hace 46 años. Fue uno más de una lista ya demasiado larga de escritores cuyas palabras fueron fusiladas, teniendo de particular su caso que, quienes hicieron fuego contra el pellejo que mantenía su espíritu creativo, fueron sus propios compañeros. Porque ante todo, Dalton fue un hereje que desertó de su propia clase social burguesa, para unirse a quienes combatían la injusticia, lo cual le abocó a un exilio donde Cortázar, que lo conoció en París, percibió su peculiaridad: “Roque es para mí un ejemplo muy poco frecuente de un hombre en quien la capacidad literaria, la capacidad poética, se da desde muy joven mezcladas o conjuntamente con un profundo sentimiento de connaturalidad con su propio pueblo y su destino.” Eso que percibió Cortázar le llevó a unirse al E.R.P. (Ejercito Revolucionario del Pueblo), una de las guerrillas que combatían en El Salvador. Pero ahí  siguió siendo un hereje, pensando con voz propia. Y eso no suele tolerarse, ni siquiera entre quienes se declaran subversivos; en más de un caso repiten las practicas que dicen combatir. Así Dalton fue sentenciado a muerte por los propios mandos del E.R.P. Un crimen lleno de zonas oscuras, donde el que fuese comandante, Joaquín Villalobos, llegó a proclamarse responsable, años más tarde, aunque luego se desdijese.

Ahora, David Morales, Procurador para la defensa de los Derechos Humanos de El Salvador (defensor del pueblo), insta a la fiscalía a que realicen “todas las acciones razonables que permitan investigar adecuadamente los hechos y evitar la impunidad.” Así mismo, se pide a los actores y participantes en la ejecución extralegal de Dalton a que reconozcan “su responsabilidad” y “que pidan perdón a la familia del poeta” y propone “un acuerdo compensatorio que repare en lo posible a la familia”. Entre otras cosas, que se recuperen sus restos, pues su cuerpo nunca fue encontrado. “La vida paga sus cuentas con tu sangre/ y tú sigues creyendo que eras un ruiseñor”, escribió Dalton. Aunque la resolución no es de obligado cumplimiento, coloca en una obligación moral a la izquierda gobernante en su país, que no parecen tener entre sus preferencias la poesía de Dalton, pues como dicen sus versos: “Yo escribí de los muertos/ sin saber de sus rudas zarabandas nocturnas.” Porque quienes dispararon contra el poeta, quienes mataron al hombre, no sabían que estaban cumpliendo con una tradición de su país, pues como él escribió en una especie de epitafio: “Los hombres de este país son como sus madrugadas: / mueren siempre demasiado jóvenes/ y son propicios para la idolatría.

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