“El proceso”, de Franz Kafka

José Ramallo

El proceso

Abarcar una obra Kafkiana implica subirse a un barco que está próximo a hundirse. Nada agradable sucederá. Pero como este escritor checo nos tiene acostumbrados, su obra estará incompleta y el naufragio quizás no sea tan evidente.

Dejando a un lado las perturbaciones del autor; el contexto en el que se desarrollan sus obras, abrazando con sutileza lo delicado que resultan los mensajes que procura transmitir; aún así jamás lograremos entender plenamente el trasfondo absurdo que late en cada una de sus líneas.

El proceso es una clara crítica a la sociedad, el estado, la religión y las leyes (o la justicia) de la Praga del año 1900. Pero no todo termina allí, de hecho ni siquiera comienza. Kafka era un escritor solitario, tristemente solitario. Resentido por los tratos otorgados por su padre en la infancia, determina en este autor una personalidad hostil al medio social. Así mismo, esta característica también le permite desarrollar un profundo sentido de la imaginación y del humor. Franz Kafka se queja, sí. Pero también se burla. Es grotesco. Profundamente bizarro. Aprieta su pluma al describir a los personajes que tanto asco le producen. Los deforma emocionalmente y enfatiza sus rasgos físicos para hacerlos ver más desagradables aún.

A simple vista Josef K. – el personaje central de la obra – es un empleado bancario, que vive solo en una pensión, y que al amanecer se encuentra rodeado de unos sujetos desconocidos. Los mismos le advierten que acaba de ser procesado y que no puede salir del cuarto. A partir de allí comenzará a desarrollarse la sátira kafkiana, resaltando puntos tales como la imposibilidad de un juicio justo, la anulación de aquella prisión domiciliaria en la que ahora se veía inmerso, la devolución de todos sus bienes embargados por la justicia, y la explicación del por qué le estaba sucediendo todo ello de la noche a la mañana.

F.Kafka

¿Juega el autor con el tiempo? No, la historia es absolutamente lineal con rigurosa descripción de sucesos y personajes interventores. Nada se sabe de lo que sucedió la noche previa a que Josef K. despierte en este infierno. Tampoco se sabrá más adelante. Kafka no se tomó el trabajo de explicarlo. No sabemos si se debe a que murió antes de culminarla, o sencillamente quiso jugar con la imaginación de algún supuesto lector. Pero eso sería un absurdo, considerando que él mismo solicitó a su íntimo amigo, Max Brod, que se deshiciese de todos sus escritos y que jamás fuesen publicados. Pero esto es un laberinto, porque sabemos de las perturbaciones de Kafka, y esto tranquilamente podría derivar en un desdoblamiento del yo. ¿Para qué escribiría, entonces, si acaso no pensaba en un posible lector?  No sabemos entonces por qué dejó la obra inconclusa, ni mucho menos por qué no explicó ciertos aspectos de “El proceso

Lo real es que Josef K. vive situaciones desopilantes con su abogado defensor, con la secretaria de otro abogado, con los recovecos y las personas que viven en el mismísimo juzgado. Toma coraje y se convierte en su propio héroe salvador. Se deshace de un abogado incompetente y prepara su propia defensa, a fuerza de discursos argumentativos y de transgresiones a las condiciones que le imponían.

¿Puede llegar a ser aún más confusa esta famosa obra literaria? Sí, lo puede. Porque el autor de “La metamorfosis” crea una ficción paralela a la que de por sí ya se viene desarrollando. Y aún leyéndola de forma independiente se puede llegar a concebir como un texto coherente, en lo que se llama hoy día “narrativa breve” o “cuento corto”. Este micro relato se denomina “Ante la ley“. Allí se narran las penurias de un campesino que pretende llegar a la justicia – no sabemos el por qué – pero se ve imposibilitado por un guardián. Esta metáfora parece ser la clara ilustración de la oligarquía que gobernaba a la actual República Checa. La desnudez de la misma se refleja en las palabras del guardián, cuando le advierte que “Aún burlando su vigilia, debería enfrentarse a siete guardianes mucho más poderosos. Y que siquiera él mismo se atrevía a  mirarlos a los ojos”. La morbosidad expuesta ante el intento de una coima, o el ruego a unos miserables insectos para que obrasen a favor suyo, es la herramienta utilizada por Kafka. Es tenaz en ello, porque desgarra el dolor humano ante una cruel sociedad que acepta la humillación del más débil. Al menos así lo insinúa el protector del umbral, cuando sentencia “Esta puerta siempre estuvo abierta para ti, y ahora voy a cerrarla”

Franz Kafka

Ambos finales nos parecen pavorosos, tanto en “El proceso” como en “Ante la ley“. Ambas son una misma obra, pero ambas sortean historias diferentes, con finales extraordinariamente abiertos. Pero la literatura trasciende a la realidad y nos catapultan a un mundo moderno e insensato, donde la justicia parece ser nuestra propia sentencia de muerte, y no la de quien nos haya dañado o perjudicado. Es Kafka, sin duda alguna, uno de los escritores con mayor éxito de todos los tiempos. Artífice de la creación de nuevos escritores, y enorme influyente en la vida de los ya reconocidos. Sin ir más lejos, ha sido Jorge L. Borges quien ha dicho: “Habla un discípulo de Kafka, un tardío discípulo de Kafka, pero que sigue sintiéndolo y agradeciendo lo mucho que él le ha dado y lo poco que él ha podido hacer con ese espléndido regalo de su obra” *

Las palabras finales que Franz Kafka nos trasmite son: En el universo no todo nos está dado, sino de la forma más absurda que podamos llegar a imaginar.

El leer a este autor es comprender un nuevo lenguaje, y ello, en nuestra lógica vida cotidiana, es una incertidumbre absoluta

—-

*Jorge Luis Borges habla del Mundo de Kafka. Editorial Orión (1991)

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