Los pisos de “El Roto”

Pedro A. Curto

Andrés RábagoFotografía tomada de http://www.huffingtonpost.es/

Una caricatura impresa en el papel de un periódico  tiene algo de lenguaje callejero y las de El Roto lo son en particular. Irrumpen de pronto y alteran la normalidad, lo cual no es fácil pues a menudo esa normalidad nos atropella a diario. Aparecen por causalidad y eso me ocurrió con las de El Roto, uno se aproxima por su contenido directo, por su ironía, por su amarga lucidez, por ese aspecto absurdo de la vida con que nos encontramos a menudo: “Nos implantan identidades en el vacío de lo que somos.” Su autor ni siquiera parecía tener una identidad definida, pues firmar como El Roto lo aproxima más que nada a cualquier anónimo artista callejero; eleva a nombre propio lo común. Pero detrás de cualquier expresión artística, en apariencia sencilla, se encuentra una larga exploración y construcción creativa: es el artista Andrés Rábago. Y él explica esa construcción como un edificio de tres pisos: El subsuelo, donde se encuentra el inconsciente, en el que habitan las pulsiones, los miedos, las frustraciones, las incertidumbres, el ser frágil que nos habita. La planta baja, a nivel de calle, donde se encuentra la posibilidad de mirar directamente, en la cual habita El Roto. Y el primer piso, la experiencia de la azotea, donde está Andrés Rábago, el artista, el hombre que recoge en su trabajo creativo lo que se vive en los pisos de abajo. De ahí sale lo que conocemos, esa cotidianidad, que mira alrededor con asombro y escepticismo, con un cierto humor negro y que sin embargo busca un lugar de salida para esa normalidad normativizada. Pues como él dice, hemos adoptado al lenguaje del poder y, por eso, pensamos como el poder nos hace pensar. La obra de El Roto gira, en buena parte, alrededor de ese pensamiento de la percepción, girando en una esquina y buscando en un rincón, reflexionando lejos del ruido, pero rodeado de ese mismo ruido. Así, a través de unos trazos en apariencia sencillos, de frases cortas, que buscan molestar con amabilidad, sutilmente, de unos dibujos que parecen fotografías en oscuro, El Roto subvierte ese lenguaje del poder para llevarlo a su realidad absurda: “El poder emana del pueblo, de su sumisión, concretamente.” Son pensamientos dejados ahí como al descuido y junto a un escenario, en general urbano, destartalado o abstracto, nos hace ir hacia una cuestión que es fundamental en esta época: liberarnos de esa saturación informativa, comercial y otras, que nos alejan de algo esencial para la construcción de un pensamiento que se libere del corsé de  hierro que nos apresa: el silencio, el amanuense. Y en medio del ruido, los dibujos de El Roto, lo son.

En la exposición Inventario de Andrés Rábago/El Roto, que se muestra en el Museo Barjola, nos encontramos con algunas de esas caricaturas y también con una parte de su obra menos conocida, sus cuadros. Se trata de pinturas en que destacan los espacios sobrios, llenos de vacío, soledad, que sin embargo parecen reclamar una historia, esas frases que acompañan a sus dibujos, unos cuadros que recuerdan en algo a las obras de Edward Hopper.

Andrés Rábago Iidentidades

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