Palacio de Isla. Burgos. Junio de 1938.

Juan Alberto Campoy

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Palacio de Isla. Burgos. Junio de 1938.

-Paquito, cariño, ¿estás despierto?

-Carmencita, cariño, ¡que son las dos!

-O sea que estabas despierto.

-No, no estaba despierto. Estoy despierto ahora.

-Vaya, hombre, sí que lo siento.

-¿Se puede saber qué es eso tan importante que tienes que decirme?

-No, nada, sólo que estoy preocupada, que no tengo la conciencia tranquila.

-¿Y eso por qué? ¿Qué te pasa ahora?

-Ya sabes, lo del pazo…

-No seas tonta. Mira que te gusta darle vueltas a las cosas. El pazo es nuestro porque es nuestro, porque el pueblo nos lo ha regalado, eso es todo. Están tan agradecidos… ¿No te das cuenta de que les hemos salvado de los rojos?

-No, ya, eso ya lo sé. Me refiero a otra cosa. A las cartas esas que quemé. Las de la escritora esa que había sido dueña del pazo, ¿cómo se llamaba?

-Emilia Pardo Bazán

-Sí, eso, Emilia Pardo Bazán. Vaya cartitas más subiditas de tono. Cuesta creer que un escritor de la categoría de Benito Pérez Galdós las escribiera. No te puedes ni imaginar la de guarrerías que contenían. Claro, como eran amantes… ya sabes eso de que la confianza da asco.

-Hiciste lo que tenías que hacer, tonta. Imagínate cómo habría quedado el buen nombre de uno de nuestros más insignes escritores si esa correspondencia sale a la luz. Lo que el pueblo tiene que saber de Galdós es que escribió los Episodios nacionales. Nada más que eso. Ni siquiera hace falta que los lean, que allí también se dicen unas cosas…

-Ya, pero…

-Ni peros ni peras.

-Sí, pero no sé si actué como una buena cristiana.

-¿Qué buena cristiana ni qué ocho cuartos? A ver: ¿se dice algo al respecto en los diez mandamientos?

-No sé, quizá el décimo, el que habla de los bienes ajenos…

-Ya estamos. ¿No habíamos quedado en que el pazo es nuestro? Pues si el pazo es nuestro, todo lo que está dentro del pazo también es nuestro. Digo yo… Así que aquí no hay ningún bien ajeno que valga.

-No, si tienes razón, como siempre… Pero yo no puedo dormir, ¿qué quieres que le haga?

-No seas tonta y duérmete de una vez. ¿Tú sabes cuándo firmo yo las sentencias de muerte? Justo antes de echarme la siesta. Y te aseguro que duermo como un lirón. Esos remordimientos tuyos son una tontería del tamaño del Monasterio de El Escorial.

-Claro, cómo a ti no te pasa….

-Venga, reza un padrenuestro y apaga la luz de una vez.

-Sí, solo una última cosa.

-Dime.

-Por favor, no me llames tonta. No me gusta.

-¡Apaga la luz!

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