Sinfonía

Miguel Rubio Artiaga

Orquesta Sinfonica del Colegio Bilbao

Cuando el director
levanta la batuta,
un estremecimiento.
Con las primeras notas
una emoción,
que hace que te cueste
aguantar un alud
de lágrimas galeotas.
Después dejarse mecer,
sentir fluir la belleza.
Ser el violín autista,
el golpe sonoro del tambor,
la flauta travesera
o el piano solista.
Escuchar los milagros de Mozart.
En un violoncello,
el Canto de los Pájaros de Pau Casals.

Vibrar con la Iberia de Albéniz
y cerrar los ojos, sonriendo,
al volverse niño
con Beethoven y la Pastoral.
Poder creer que hay algo
después de la muerte,
cuando vuelas con el órgano
de Mendelssohn, Brahms o Bach.
Dar entrada en éxtasis, a los coros,
en el Aleluya de Haendel
con los aires de un ser sobrenatural.
Explotar en el aire,
con Orff y Carmina Burana,
retar al mundo, como vikingos,
con las Leyendas de Wagner,
en un motín de vientos y cuerdas,
que permanecen en el ambiente.

La dignidad del triángulo,
el esperar serio de los platillos,
la estela pintada de colores del arpa,
el repicar mágico de las castañuelas.
Los victoriosos oboes,
la trompa solidaria,
Rubinstein haciendo volar las manos,
entre unas teclas, blancas y negras.
Paseo nocturno con Chopin,
seguidos por Rodrigo y Liszt.
Viola, flautín y trompeta,
trombón, fagot y tuba.
Granados y sus bailes raciales
como salidos de un fuego gitano,
las cajas y las guitarras,
taconeo al viento de pies descalzos.
El encantador clarinete.
Viento, metal y madera.
La hipnosis sensual y adictiva
del Bolero de Ravel.
La Callas con su voz imposible
haciéndote levitar,
con Puccini y el suicidio de Tosca.
La ardiente Carmen, de Bizet.
Cascanueces y Sherezade.
Cisnes en el escenario,
demonios y faunos,
Paganini, Verdi y Pacharel.
El pasar de las estaciones,
de un Vivaldi, iluminado.
Verte en sueños, bailar un vals
de los Strauss, en enormes salones.
Ser una nota dulce de Debussy.
Una revolucionaria de Dvorak.
Rachmaninov en su apogeo.
Musa se apodera de ti,
toma la forma de un dragón bueno
y te invita con él a volar.
Cuento lo que a mí me toca.

“Sé que no están todos,
pero sí son, todos los que están”

 ——

Poema de “La Rosa de Siria”, de Miguel Rubio Artiaga

Tapa

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .