Entrevista a Elisa Sánchez Prieto por “Arena en los ojos”

Vera Kukharava

Arena en los ojos

Arena en los ojos pasea por el franquismo,  la transición, la movida madrileña, las mayorías absolutas del PSOE”

P.- ¿Qué es Arena en los ojos?

R.- Es una novela oral. Una novela cargada de vida, de vivencias, en la que los lectores pueden abandonarse, dejar que sea ella la que te cuente. No hay un solo argumento o un solo protagonista, podrían ser relatos independientes con identidad propia, pero que se interrelacionan entre ellos, se necesitan. Recorre la educación sentimental de una saga familiar a lo largo de diferentes épocas. Transcurre entre el final de la Guerra Civil y principios del siglo XXI. La novela pasea por el franquismo, la transición, la movida madrileña, las mayorías absolutas del PSOE….

P.- La novela transcurre entre Madrid y Asturias. ¿Por qué Asturias?

R.-Eran mi respiro, mi desahogo, mi disfrute… después de nueve meses de colegio de monjas y de vida en un piso de barrio de Madrid. Sí, hay una parte importante del libro que describe los veranos en Tapia, pero podían haber sido en cualquier pueblo de vuestra costa. En ella están plasmados múltiples recuerdos y vivencias, podría ser Llastres, sin lugar a dudas. Con esto no quiero decir que sea una novela autobiográfica.
¡Qué recuerdos! La pesca en las pozas, las bicis, el primer amor… Momentos en los que el tiempo se medía por encuentros y reencuentros, atardeceres, amaneceres y la hora de comer. Momentos en los que nos importaba un cuerno el tiempo de fuera… ¡Ah! Y las verbenas, claro, ¡las verbenas!

P.- En Arena en los ojos hay una importante presencia de la música

R.-Hablando de las verbenas… las canciones de los coches de choque…de la orquesta de Tino Fombona…los cantares en la tienda de Vitalio o en la playa , en esas noches efímeras y a la vez eternas…canciones a voces en los “Ford fiestas” a ventanillas bajadas, bien apretados…los radio cassetes de los Alsas…los agarrados en susurros…los sueltos “alabuenadedios”…las amanecidas en el Fitu, aquí de nuevo a voces…las de nuestras madres en las fiestas en casa…las antiguas…las modernas…los éxitos del verano…las comprometidas… Creo que no existe una buena historia sin una buena banda sonora. En “Arena en los ojos” encontraréis mucha música: canciones, canturreos, coplillas, tarareos, retahílas, cancioncillas de anuncios, balbuceos, cánticos.

P.- Eres novelista y maestra. ¿Se relacionan estas dos realidades en tu novela?

R.- Sólo existen realidades paralelas en la ficción. Mi realidad es que soy mujer, maestra, madre y amante y, ahora, escritora… e intento compaginar, no conciliar, compaginar el escribir con el resto de millones de quehaceres diarios.

P.- Compaginar, conciliar ¿Cuál es la diferencia?

R.- Entiendo que conciliar es un ajuste entre cosas o situaciones opuestas. Compaginar, por el contrario, sería poner en “buen orden” cosas que tienen una conexión mutua. Por lo tanto, compaginar.

P.- En el proceso creativo de una obra literaria ¿Cuáles son los mejores momentos?

R.-Los mejores, para mí, imagino que eso va en gustos, están en la labor de investigación, la búsqueda. El desarrollo de las situaciones y de los personajes. Me produce un placer infinito cerrar cada una de las escenas con contundencia.
Lo peor, corregir y corregir, recorregir y volver a corregir. Decía Borges que uno publica para dejar de corregir.

P.-¿Qué estás escribiendo?

R.- Sí, siempre. Hay un libro de microrelatos, “Huecos”, son historias cortísimas en las cuales aparece siempre la palabra “Hueco”. También, aún muy verde, en esqueleto, una segunda novela larga: “La quedada” donde un grupo de mujeres cincuentonas se reúnen en una casa rural para recordar los días del colegio.

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Autor“De niña crecí entre el colegio de monjas y la vida de las vacaciones en Asturias. Fui niña de bici, de buscar bichos, de pescar en las pozas y de matar cangrejos a perdigonazos. Niña de saltar y correr y también de atroces miedos nocturnos -como el de ser abducida por los extraterrestres-. Y un verano de repente, y puedo demostrar que fue de repente, pasé de niña a mujer, como dice la canción. Comenzaron las reglas dolorosas y los picos hormonales, me enamoré hasta las trancas, saqué el BUP de aquella manera y paseé a velocidad de vértigo por la movida madrileña. Empecé a estudiar teatro, y entre que no era un bellezón y las taquicardias que me daban en cada escena, el profesor decidió ignorarme y yo decidí dejar de pagarle las letras que había firmado. Más tarde, o a la vez, me dio por el magisterio, y mientras vigilaba comedores escolares por la mañana, ejercía de locutora de radios independientes por la noche. Decidí ser maestra, y más maestra. Nunca profesora. Viví las reformas educativas y la innovación pedagógica con la misma intensidad que escondía escarabajos brillantes o grababa cintas de los programas de Radio 3. Debe de ser una enfermedad, digo, lo de la intensidad.”

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