Flor de cactus

Miguel Rubio Artiaga

cactus

Lo primero que hay que saber, es que hay cactus en el desierto, que solo florecen

una vez en la vida. Cuando sienten cercano el aliento de la muerte.

Es la forma más encantadora de despedirse. Sus últimas fuerzas,las emplea en florecer

con una única y bella flor de vida efímera. Una flor de vistosos colores .Una pincelada de Arco Iris

en mitad del desierto.

.

El viejo lagarto la miraba como hipnotizado.

¡Si ayer, cuando pasó por allí, no estaba!.

Sabía de sobra que las noches en el desierto

encierran un universo extraño de magia,

donde la Luna ejerce de caprichoso hechicero.

Pero el viejo lagarto, en todos sus años,

no había oído siquiera que eso pudiera pasar,

ni entre sus conocidos mares de arena,

ni en las leyendas de las lejanas montañas.

.

Lo más parecido a esa figura altiva y coloreada

que le tenía como ensimismado, fue una vez,

que vio una mariposa perdida, revoloteando,

luciendo sus alas de colores alrededor de él.

Fue una primavera extrañamente lluviosa.

Pero hasta el arrugado y viejo lagarto,

que nunca salió más allá de sus ocres dunas,

estaba seguro que no eran obra del mismo pincel.

.

Luego llegaron los escarabajos y las arañas,

las serpientes, las liebres y los coyotes,

los alacranes, los camellos y las ratas.

Mientras los buitres dibujaban en el cielo,

como una diana, círculo tras círculo,

siempre dejando en el mismo centro,

la flor, que como a la misma lluvia adoraban.

Hasta un halcón peregrino, se quedó a mirar,

detenido por primera vez su viajar nómada.

.

La Flor, como un faro en océanos de arena,

reunía aquel imposible corro de espectadores,

atraídos por esa extraña belleza serena

que era aún más bella por su condición solitaria.

Flor al llegar la noche, radiante por la luna,

como un baño de luz de luciérnagas albinas.

.

Será al salir el Sol, al cumplir el segundo día,

cuando la flor, en un postrer y elegante gesto

esparcirá al viento, sus últimas semillas.

.

Solo entonces, los asombrados espectadores, en silencio se separaron y volvió cada uno a su vida,

pero ya estaba creada la leyenda de un viejo cactus que vivió más de cien años en el desierto,

para, generoso, dar vida a la más hermosa flor que solo vivió dos días.

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