Forjador de Penumbras: “Ovejas o cabritos”

Pablo Martínez Burkett

Bomba

“Si un seul de ces faits avait été arrangé différemment, il en aurait

résulté un autre univers; or, il n’était  pas possible que l’univers actuel

n’existât pas; donc il n’était pas possible à Jupiter de sauver la vie à

son fils, tout Jupiter qu’il était.”  Voltaire, Dictionnaire Philosophique

.

Esa mañana, las noticias en la pantalla del subterráneo eran temibles. Desde luego que uno se termina acostumbrando a estas guerras modernas, pero igual muchos abandonaron el refugio del holosistema al que iban conectados para levantar la cabeza con alguna ansiedad hacia la pantalla colectiva. Que todo pasara tan lejos no era ninguna garantía. El noticiero enlazó con la videocámara de un misil intercontinental apartando nubes en su camino de muerte. Más abajo, una ciudad se agigantaba. Nos miramos con perplejidad cuando el contorno se volvió conocido. No íbamos a asistir a otra vaporización en directo, íbamos a protagonizarla. Aún conservo el reloj pulsera que mi padre heredó de su abuelo. Miré la fecha. «Qué mal día para que justo suceda el Apocalipsis», alcancé a pensar con vana melancolía. Y después nos cegó la luz. Y después, un trueno. Y después, un temblor. Y después, el silencio.

Tengo un recuerdo desdibujado de lo que sucedió luego. Estábamos sepultados kilómetros bajo tierra y no sólo fue preciso atravesar por túneles aburridos de soledad, también hizo falta trasponer sucesivas capas de locura, desesperanza, ira, piedad, tristeza, miedo, resignación. Un pastor fanatizado nos arengaba repitiendo que los pecadores impenitentes ya habían sido purificados por el fuego y que, por nuestra fe, habíamos sido rescatados del Gehena. Finalmente emergimos. Nunca sabré si me tocó ser oveja o cabrito. No había ningún rey esperándonos. Tampoco ángeles. Sólo unos pocos mutantes tan sorprendidos como nosotros. Con menos determinación que necesidad, se prepararon para atacarnos. Tuve que matar a dos. Estoy seguro de que en sus ojos hubo agradecimiento. El infierno era todo nuestro.

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