Siete paraguas al sol: “Cuando callan las campanas”

Manuel Cortés Blanco

Puerto Nuevo de las Cerezas

-Bernardino. Puerto Nuevo de las Cerezas, 1969-

Sol, moreno de piel, mercadillo los jueves y domingos, alguna tormenta a media tarde, calor, mucho calor. Mil y una normas cumplidas a rajatabla: las cosas del suelo no se cogen, hacer la digestión dos horas antes del baño, no interrumpir nunca cuando hablen los mayores. En frente tantos amigos de vacaciones, tantos juegos por jugar. Y detrás la ilusión por repetir lo irrepetible, disfrutando hasta el límite de estos parajes como lo hicimos el año pasado… Como lo haremos al año que viene.

Hay pájaros en los cables, setas comestibles, caracoles cuando llueve, mermelada de mora en septiembre, un espejo donde todos los ojos se miran. Y esa leyenda que cuenta que la primera casa del lugar fue construida por un caballero templario que sobrevivió a una noche de borrasca tras refugiarse debajo de sus chamizos. Es posible que si hubiese portado un paraguas hubiera seguido andando y este municipio, tristemente, no estaría donde está. Porque aquí tenemos lo que vivimos, lo que disfrutamos, lo que amamos.

Estamos en Puerto Nuevo de las Cerezas, el pueblo de las tres mentiras: ni es puerto, ni es nuevo, ni sus frutales predominantes son los cerezos… Sino ese mar de manzanos que le envuelven, dotándole de una sidra famosa en la comarca. No se trata de un caso único dentro de nuestra geografía, repleta de toponimias que desbordan engaños. Tampoco se conoce propósito de enmienda, pues nunca hubo intención de arreglar el desatino. Pese a ello, estamos en un contexto plagado de erratas. En el pico del loro solo hay buitres leonados, su puente romano corresponde al periodo medieval, aquella vecina de nombre Alegría se encuentra siempre triste, y desde ese lugar llamado el Miradero apenas se ve nada. Cierto que en este caso existe un atenuante: su denominación anterior era el Miriadero –extensión donde sestean los ganados-, siendo la tradición popular la que cambió la fonética del sitio. Mas aun así, tales apelativos pueden confundir –y mucho- al visitante que no esté debidamente avisado.

En el bar de alguna esquina, ante el tapete de otra partida de mus, su alcalde, el notario, un médico y ese cura conforman una especie de consejo que acostumbra a reunirse en cada sobremesa.

-Dejarse ganar no es natural –asegura el primero-. Quien quiera vencerme, me tendrá que tumbar.

Para no estar en guerra, aquí hay demasiadas armas.

A su lado, el otro bastión del pueblo: un televisor; el único de la comarca, comprado por escote riguroso entre todos los clientes del local –llamado desde entonces teleclub-. Gracias a sus imágenes le ponemos cara a las noticias, aplausos a los goles de nuestro equipo, emoción a cada programa. Si bien la mayoría de los vecinos no viajó nunca más allá del hayedo, sabemos porque lo vimos que el hombre ha estado en la Luna. Según el telediario, eran tres americanos y fueron sin avisar. ¡Que luego no se quejen si había cuarto menguante!

Frente a una noticia tan importante, surgen los incrédulos como don Jacinto…

-Si no lo veo, no lo creo.

…Los fatalistas como doña Aurora…

-Si se enfada por esto algún marciano, ¿qué será de nosotros?

…E incluso agoreros como el señor Macario:

-Al año que viene iremos a Plutón.

Ante esa catarata de opiniones, lo de menos es que su pantalla sea en blanco y negro. No en vano, así resulta la vida: una sucesión de contrastes, matices, claroscuros. Un espacio tan complejo en el que la sombra se convierte en compañera inseparable de la luz.

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Siete paraguas al sol“, de Manuel Cortés Blanco. Obra ganadora del IV Premio Ciudad Ducal de Loeches de Novela.

ManuelCortesBlancoManuel Cortés Blanco: Es médico y psicólogo. Cuenta en su haber con un Premio Nacional Ulysses a la Investigación por su labor científica. Como escritor ha sido galardonado —entre otros— en el Premio Internacional Vivendia de Relato. Además se siente cuentista; cuentista porque utiliza el cuento para expresar lo que vive —tanto en los libros que escribe como en sus sesiones de cuentacuentos—, por pertenecer a una familia que se cuenta las cosas, porque ingenio e imaginación cuentan siempre en sus obras. Quizá de ahí provenga esa habilidad para convertir en novela esta serie de relatos, resultando una mezcla de lo más emotiva.
Manuel tiene un estilo propio, entrañable; escribe para compartir. Con su opera prima El amor azul marino (Editorial Amares) obtuvo el Premio Literario Amares 2005. Es también autor de los libros “Cartas para un país sin magia” (Ediciones Irreverentes) y “Mi planeta de chocolate” (Ediciones Irreverentes, finalista del II Premio Internacional Vivendia de Relato), habiendo participado junto a otros maestros del género en las Microantologías del Microrrelato II y III.

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2 Respuestas a “Siete paraguas al sol: “Cuando callan las campanas”

  1. Precioso para leerlo y saborearlo en una tarde de lluvia, mientras tomas una taza de café caliente. Como decimos en facebook ME GUSTA y lo COMPARTO.

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