Finlandia 47 – España 10

Pedro A. Curto

Finlandia

No conozco demasiadas cosas de Finlandia; ni he podido viajar a ese país, ni he conocido a ningún finlandés. Es uno de esos países que te resulta lejano y que por su situación geográfica, lo relacionas con el frío. Además es uno de esos lugares que por ser un país pequeño y no producir grandes conflictos, no suele ocupar los primeros planos informativos. Lo más destacado últimamente, es que su sistema educativo se sitúa entre los mejores. Y también que es uno de los menos corruptos. Particularmente lo que más cercano me resulta de Finlandia es el cine, gracias a las películas de Aki Kaurismäki, uno de los directores europeos más originales de la actualidad. Sus obras son frías y sensibles, dibujan a través de un particular humor negro, la geografía de los perdedores finlandeses, el padecimiento de los desfavorecidos que demuestra que los paraísos no existen. Y que se puede hacer humor con sensibilidad e inteligencia, sin recurrir a la zafiedad de torrentes y otros clones. Y en ese lugar que no es un paraíso, se lee, y bastante. La media es de 47 libros por habitante año, mientras que en España esa media es de 10. Lo de las medias y las cifras siempre me ha parecido relativo, pues habría que ver como se hacen esas medias, a que libros se refieren, (no sé si los finlandeses tienen sus Belenes Esteban como autoras) entre otros aspectos. A parte de que los datos puedan estar inflados, lo cual puede ser así más por parte de los españoles, que de los finlandeses. Y es que no conozco a los finlandeses, pero sí a bastantes españoles. Tampoco se trata de recurrir a que los países que más leen son más cultos y mejores, más civilizados, pues aunque suele ser así, la cuestión es más compleja. Pero de una u otra forma, da que pensar. Y no muy positivamente sobre lo hispano.

Que un pequeño país, con dos idiomas minoritarios como el finés y el sueco, con una literatura propia que tiene siglo y medio de historia, nos supere de esa forma, es preocupante. No se trata de establecer carreras, pero es imposible no sentir una sana envidia. Está claro que los grandes países pueden imponerse, pero no ser los mejores. Da la impresión de que los interrogantes lanzados por la gente de la llamada generación del ´98, esas leyendas negras, siguen a estas alturas sin hallar respuesta. Que a pesar de nuestra tradición literaria se siga despreciando la cultura y la creación, como actualmente ocurre, debería ser motivo para mirarse en el espejo y reflexionar. Pensar que una identidad no se sustenta sobre el ruido, ni con glorias balompédicas, ni con testosterona, ni con esa prominencia que siempre ha tenido lo testicular. Claro que para esa reflexión, quizás habría que leer algo más.

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