Perfectamente entrenados

Francisco Segovia

Antidisturbios

Este es el presente.

—Señor, sí señor.

—La unidad de acción es fundamental. Y la voluntad de dominio, también. Sin ellas somos meras bestias, igual que nuestros enemigos allende las alambradas.

—Señor, sí señor.

Los soldados, completamente uniformados y armados, se mantienen firmes, con las miradas fijas en la lejanía y sus pechos henchidos de gozo y ansiedad por entrar en combate. El oficial los observa con frialdad, aunque se siente satisfecho por el trabajo realizado con ellos: los ha convertido de jóvenes imberbes en perfectas máquinas de combate. Hoy demostrarán que el Estado puede confiar plenamente en sus capacidades.

—No hay que tener compasión con el enemigo. Él quiere destruir la Patria, pero nosotros lo detendremos y aniquilaremos. Sin compasión, sin piedad.

—Señor, sí señor —responde al unísono el batallón.

—Sargento —ordena el oficial—. De inicio al ataque.

A las ocho y veinte de la tarde, el batallón de aguerridos soldados arremetió contra la multitud de manifestantes que reivindicaban pan y libertad a un gobierno que calificaban de dictatorial.

Hubo más de dos mil heridos y quinientos muertos. Ninguno, por supuesto, entre los gloriosos y bien entrenados soldados del Gobierno Federal Europeo, que mantenían el orden establecido: el único permitido.

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