Ernest Cline, un tipo con suerte

David Cano

Ernest Cline Ready Player

Ernest Cline puede ser un tipo con suerte. Tendría que tomarme más de un café para poder decirlo sin miedo a equivocarme. Pero qué duda cabe que está tocado por una varita mágica. Eso sí puedo afirmarlo. Su primera novela, Ready Player One, ha revuelto los corazones de los seguidores de la ciencia ficción. Y es difícil, ya que se trata de gente que pone malos ojos a cuanto nuevo se le presenta, y que sigue idolatrando a reyes del pasado. Sí, hablo de Tolkien.

Pero este norteamericano ha tocado la tecla perfecta. Antes de que se hubiera publicado su ópera prima, este intrépido seguidor de la cultura ochentera en todas sus variables, había vendido los derechos de Ready Player One a Warner Bros para hacer la película. Algo tendrá este tipo, pensé cuando leí esta información, minutos después de comprar el libro.

Y lo tiene. Es verdad que, algunas veces, cuando hablas de ciencia ficción, vienen a tu cabeza historias de dragones, hechicería y magia increíble, pero mirando más allá te puedes encontrar con grandes obras como la de Cline. Sólo hay que buscar y no dejar que te influencie la etiqueta que te ataca desde la balda de la librería.

Cline consigue que los años 80 en todas sus vertientes (literaria, musical, videojuegos y cine) sea el centro de unos ciudadanos que viven allá por el 2040. Pasan sus días, esos ciudadanos, en una realidad virtual llamada Oasis, creada por dos informáticos, y que es como un crisol de todos los juegos virtuales del estilo de The Sims o World of Warcraft. Los ciudadanos de este mundo futurista ya no viven en la calle. Una crisis energética ha convertido la Tierra en un campo de batalla, y su única libertad es entrar en ese juego con su avatar, y relacionarse con sus semejantes. La vida la ven a través de unas gafas de realidad virtual y ordenan sus movimientos con unos guantes a tal efecto. Trueques, sexo, cine, restaurantes. Todo está dentro de este submundo.

Uno de los creadores de Oasis, James Halliday, el alma máter del programa, está muy enfermo y pronto morirá. Sin descendencia. En su obsesión por los juegos y el misterio, crea un nuevo reto. Su inmensa fortuna irá a parar a la persona que, con su avatar de Oasis, consiga superar tres difíciles pruebas dentro del programa. Tras destaparse la noticia, la totalidad del planeta se pone manos a la obra para intentar hacerse con la fortuna del creador.

A partir de aquí nace una aventura que atrapa al lector como un yugo. Quieres dejarlo, pero te atrae a sus páginas. Desfaciendo entuertos vemos al personaje principal, Parzival, un niño pobre y sin recursos, luchando por conseguir el preciado tesoro. No le será fácil, tendrá rivales, trampas y censuras allá por donde camine. La novela también trata el tema del amor. Pero entra mal, algo forzado. Quizás hubiera sido mejor dejarlo fuera de esta megahistoria épica.

Concluyendo, Cline consigue que la ciencia ficción vuelva a sus orígenes. Bebe de Orwell, de Scott Card, de Huxley. No es un imitador, es un narrador excelente que ha conseguido trazar el hilo invisible que te mantiene atento, despierto, pegado a sus páginas. Un Juego de Ender, redivivo que no te debes perder si gustas de la ciencia ficción.

 

 

 

 

 

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