CIERTOS LUGARES: Florida

 EXPLORANDO FLORIDA JUNTO AL PRIMER CAMINANTE AMERICANO

Lucía del Mar Pérez

Florida conquistadores

Florida, el “Estado Soleado”, es un paraíso soñado por muchos estadounidenses. Situada en una península entre el Golfo de México, el Océano Atlántico y el Estrecho de Florida, posee la costa más larga de los Estados Unidos. El clima benigno durante la mayor parte del año y sus muchos kilómetros de playas atraen a numerosos turistas de todas las partes del mundo. Un lugar donde no se paga impuesto sobre la renta, pues el Estado lo compensa con los impuestos que pagan los visitantes, ya que el turismo constituye el principal motor económico. El lugar anhelado para vivir tras la jubilación, la culminación del Sueño Americano. Allí los ancianos encuentran residencias a precios más que asequibles y su vida se enriquece con actividades  sociales y deportivas.

Sin embargo, estas tierras hace quinientos años se convirtieron en una trampa para sus descubridores. Allí campaban a sus anchas los indios tinihuanos, timucuas y semínolas. Alimentados principalmente de maíz, altos y fuertes, excelentes arqueros, eran ajenos a la llegada a las “Indias Occidentales” de aquellos hombres barbudos y malolientes llamados Españoles. Tras la llegada de Colón a América, hombres movidos por la ambición y la fama se lanzaron a los descubrimientos hambrientos de riquezas y poder, de gloria y  eternidad.  ¿Cuáles fueron los motivos que impulsaron a los conquistadores  a embarcarse en  naves inestables y atravesar el inmenso Océano Atlántico, sometidos a los caprichos del viento, el hambre, la sed, el escorbuto y un sinfín de desastres? Algunos  se escudaron en la fe, lo que acabó siendo la versión esgrimida por la monarquía. Un disfraz evangelizador bajo el que se ocultaron numerosos conquistadores, un supuesto deseo de propagar la palabra de Cristo entre aquellos “salvajes” que constituían una población heterogénea y complicada. A veces sanguinarios e incluso antropófagos, o inocentes en otras ocasiones, ¿eran lobos o corderos? La polémica está servida ahora como lo estuvo en el siglo XVI, cuando las disputas teológicas sobre la naturaleza del indio, algunas dudando incluso de su Humanidad, estaban a la orden del día. Basta recordar la  controversia entre Juan Ginés de Sepúlveda y Fray Bartolomé de Las Casas. En la actualidad la única certeza  es que la población indígena fue aniquilada total o parcialmente, bien por las armas, bien por agentes patógenos como la gripe. Obsequio de los europeos.

Otros navegaron hasta allí atraídos por mitos y leyendas, como el  deseo de alcanzar El Dorado, una tierra fabulosa donde  el oro fluía por doquier. Además, según escribió  Colón, en su Carta sobre el cuarto viaje, (1502-1504): “El oro es excelentísimo, del oro se hace tesoro, y con él, quien lo tiene, hace cuanto quiere en el mundo”. Sin duda argumentos de gran peso para que prosiguiera la búsqueda del oro. También Cíbola fue una ciudad legendaria llena de riquezas, que durante la época colonial se suponía en algún lugar del norte de la Nueva España, en lo que hoy es el norte de México y el suroeste de Estados Unidos.

A pesar de todo, existe algo más ansiado que el oro: la recuperación de la juventud ha sido desde la noche de los tiempos uno de los más profundos deseos de los hombres. Es fácil imaginar qué significó para los españoles la leyenda de Bimini, la Fuente de la Eterna Juventud. Teóricamente era una isla ubicada en el norte de Cuba,  en el territorio de la actual Florida. El noble don Juan Ponce de León, quien había conquistado Boriquen (Puerto Rico) junto a Colón, se lanzó al mar buscándola. Tras navegar perdido entre islas durante seis meses, tocó tierra el 27 de marzo de 1512, día de Pascua Florida,  y así denominó a la desconocida tierra. Regresó a España, consiguiendo ser nombrado adelantado de Bimini y gobernador de Florida por Fernando el Católico.  Un duro ataque indígena causaría su muerte y la de la mayoría de sus soldados. No sería el único en fracasar en la Florida: un territorio que parecía atraer a la muerte. Francisco de Garay, gobernador de Jamaica, o Vázquez de Ayllón, letrado y conquistador perdieron allí la vida.

Tras estos intentos frustrados aparece en escena un triste personaje, cuya desdicha parece ya anunciada en su nombre: Pánfilo de Narváez, sinónimo de la mala suerte. Había perdido un ojo tratando se sofocar la sublevación de Cortés en México, siendo recompensado por  el emperador Carlos V con el título de Adelantado de Florida.  Zarpó  en 1527 de Sanlúcar de Barrameda con cinco naves, 600 hombres y gran cantidad de armas y vestidos. Tras un viaje penosamente borrascoso, arribó a la Española.  Pero los vientos del fracaso arreciaban contra la expedición. Hasta casi un año más tarde no consiguieron llegar a las costas de la ansiada Florida. A pesar de su nombre bucólico, la realidad de sus costas distaba mucho de ser un enclave paradisíaco. Prodigaban las lagunas, caños y canales comunicados con el mar, y por  ello, sufrían violentos temporales. Con frecuencia destructivos ciclones, tornados y huracanes se detenían en esta tierra, que permanecía siempre encharcada. La fatalidad no tardaría en cebarse con la expedición: naufragaron el seis de noviembre de 1528, cuando una gran ola volcó la embarcación. Un grupo de tripulantes logró alcanzar tierra, que llamaron con acierto la Isla del Mal Hado. Entre ellos figuraba uno de las personajes más peculiares de la historia de la conquista del Nuevo Mundo: Alvar Núñez, conocido por todos por el apellido de su madre: Cabeza de Vaca. He aquí nuestro particular héroe: un superviviente en toda regla. Junto a otro grupo de náufragos, se convirtió en esclavo de los indígenas. Los indios creyeron encontrar en los españoles facultades mágicas. Fueron chamanes: aplicaban la misteriosa medicina indígena basada en soplos y en imposiciones de manos: rajaban, chupaban y cauterizaban. Incluso Cabeza de Vaca se convirtió en un afamado cirujano. Un día sus compañeros decidieron huir, dejando a nuestro protagonista solo y enfermo. Así transcurrieron seis largos años, en los que Cabeza de Vaca se convirtió en una especie de buhonero y mercader, traficando con pedazos de caracoles marinos y cañas de la costa que intercambiaba por cueros curtidos del interior. Tan solo quedaba él y un compañero enfermo: Lope de Oviedo. La situación era insostenible, y deciden marcharse abandonando la isla. Ya en tierra firme, encontraron a tres compañeros. Quisieron huir e intentar llegar a México, pero esta vez otro grupo de indígenas, los mariames, se lo impidió. Finalmente la gran fuga llegó. Cabeza de Vaca y sus tres compañeros, atravesaron más de dos mil leguas, la mayoría por tierra y mar.  Convertidos en famosos curanderos  conocidos como “Los Hijos del Sol”, concluyeron su periplo de ocho años cuando avistaron a cuatro jinetes españoles en el territorio de Nueva Galicia. Habían atravesado Tallahassee, Mississippi, Luisiana, Texas,  Chihuahua y Sonora. Y aún no habían acabado las peripecias de nuestro aventurero, quien regresó a España, fue nombrado gobernador del Río de la Plata, y volvió a realizar una prodigiosa marcha dese Brasil a Paraguay.  Y aún tuvo tiempo de descubrir las cataratas de Iguazú.Todo un personaje cuyas aventuras fueron recopiladas por él mismo en su obra Naufragios, publicada por primera vez en Valladolid en 1555.  Un gran caminante: el primer caminante americano.

La Florida fue siempre un territorio utilizado como moneda de cambio por las diferentes potencias europeas a lo largo de su historia: colonizada por los españoles, fue cedida a Gran Bretaña como consecuencia de la Guerra de Siete Años (1763) siendo recuperada por España durante la Guerra de Independencia de las Estados Unidos. Pero el dominio español nunca fue completo, y en 1821, durante el reinado de Fernando VII fue anexionada a los Estados Unidos.  En la Florida se respira la multiculturalidad: conviven los WASP (Blancos, Anglo-Sajones y Protestantes),   hispanos (gran cantidad de ellos escapados del régimen castrista cubano, asiáticos  y un largo etcétera de nacionalidades.

Desde los años 60 se ubica en Florida una importante industria aeroespacial, el KSC (Kennedy Space Center) un complejo de instalaciones de la NASA para el lanzamiento de vehículos espaciales en Cabo Cañaveral. Todo un reto para los exploradores. Mientras Cabeza de Vaca, el Primer Caminante Americano,  reposa en la capilla familiar en el Real Convento de Santo Domingo de Jerez de la Frontera, los exploradores del siglo XXI caminan hacia las estrellas.

 

 

 

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