Estefanía Farias Martínez

Bildnis des Dr. Haustein (1928)-Christian Schad
Cuando Ceferino se convirtió en su médico de cabecera, Higinio se consideró muy afortunado. Quién mejor que su amigo del alma para cuidar de su salud física y mental.
Sin embargo, hoy ha vuelto del centro de salud totalmente devastado. Se plantea seriamente cambiar de médico de cabecera, a veces la confianza da asco.
Él sólo pidió cita porque se sentía muy cansado desde hacía un par de semanas, además había engordado mucho, se había visto forzado a cambiar de talla de pantalón, su mujer optó por buscarle chinos porque le disimulaban las patorras y al poder bajar un poco la cintura no parecía un morcón, eso le dijo. Ni que decir tiene que de ánimo andaba fatal y pensó que Ceferino le daría unas palmaditas en la espalda.
Sin embargo, el filial reencuentro (Ceferino era lo más parecido a un hermano) se tornó en cruel pesadilla.
—Viendo estos resultados, no me extraña que tengas esa pinta Torrente.
— ¿De qué hablas?
—¿Tú te miras al espejo?
—No a menudo. Tampoco hay mucho que ver.
—Entonces no has notado que brillas y goteas como un pollo de asador. Sólo por preguntar, porque me imagino la respuesta. ¿Tú triunfas o por lo menos lo intentas solo o acompañado?
—¿De qué hablas?
—Mira que eres corto. ¿Follas o te la machacas?
—Qué basto eres. No hago el amor desde hace… ya ni me acuerdo y lo otro… es verdad que no me apetece. Cuando estoy cansado rindo fatal.
—No es por eso, ve haciéndote a la idea de que se acabó lo que se daba. Sin pastillita ni soñar y tú no puedes tomarla porque lo mismo te da un jamacuco. Tienes la tensión por la nubes para rematar y obviamente el colesterol en la luna, esperemos que no empieces con diabetes o gota. Lo principal es que tu testosterona está en niveles de niño de pecho.
— ¿Y eso qué significa?
—Es como si te hubieran cortao los huevos.
—¡Qué animal eres! ¡Dónde te han dado el título, so cafre!
—Qué sensible la niñita. Y eso que me has pillado de buenas.
