¿Consentimiento o con sentimiento?

Juan Alberto Campoy





Jenni Hermoso ha dicho recientemente que se sintió vulnerable y víctima de una agresión. No conozco a esta mujer y no tengo, por tanto, ninguna razón ni para creerla ni para no creerla. Sus palabras pueden reflejar la verdad, naturalmente que sí. Pero existen dos actitudes suyas posteriores al famoso beso o pico, que mueven a la duda. En primer lugar, están sus declaraciones a la cadena COPE, poco después del partido, en las que le quita toda importancia al suceso. Y, en segundo lugar, y creo que más importante, están sus risas y sus bromas, en el viaje de vuelta, mientras muestra a sus compañeras una foto o un meme que compara su beso con el de Iker y Sara en el mundial de Sudáfrica. Y aquí es adonde quería ir a parar. Aquel beso, el de Iker y Sara, y no estoy bromeando, no fue en absoluto un beso consentido. Podrían ser novios, amantes, o lo que fuera, pero a Sara Carbonero el beso le pilló completamente por sorpresa. Que ese acto/beso de Iker Casillas fuera un acto/beso de amor o una agresión sexual no tiene que ver con lo que se ve en las imágenes (un beso robado), sino precisamente con lo que no se ve, esto es con el contexto, con la relación que mantenían. Y esa relación apunta a que a Sara Carbonero no le importó, sino todo lo contrario, que su novio la besara. Se entiende que, si en aquel momento, Iker Casillas le hubiera preguntado: “¿Qué te parece, cariño, si nos diéramos, aquí y ahora mismo, un beso delante de toda España?”, la situación hubiera perdido toda su la gracia, todo su encanto. Surge, entonces, la siguiente cuestión: “¿la relación que mantenían Jenni Hermoso y Rubiales era de una amistad y una confianza tales que fuera aceptable, bien recibido, ese beso?”. Los hechos son contradictorios: por una parte, estarían las dos actitudes mencionadas de la jugadora. Pero, por otra parte, las declaraciones ya citadas de Jenni Hermoso, en las que afirmaba sentirse una víctima, unidas al hecho de que haya dado un paso más, presentando hace poco una denuncia en los juzgados, apuntan a que no los unía ninguna amistad. El beso fue pues una extralimitación, claramente. Con el agravante, además, de la relación jerárquica que había entre ambos. Dicho todo lo cual, concluyo con dos anotaciones. En primer lugar, que, más que el consentimiento, lo que importa es hacer las cosas con sentido y con sentimiento. Y, en segundo lugar, que, dentro de los actos moralmente repudiables, y este del que hablamos lo es, hay, como en todas o casi todas las cosas de la vida, una escala, una gradación. Y debe haber también una escala y una gradación en las penas. Todo tiene que estar proporcionado. Thomas de Quincey escribió, bromeando, que se empieza por matar a alguien y se acaba faltando a misa los domingos. Quiero decir, que no parece que sea muy proporcionado mandar a alguien al Hotel Rejas durante cuatro años por darle un pico a una señora.

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