Y ASÍ SE CUENTA LA HISTORIA: “No me voy”

Ítalo Costa Gómez






Si algo tengo claro en esta vida que me ha tocado vivir es que no me iría a vivir a ningún otro lugar que no sea el Perú.

Amo mi país y amo vivir en él. Con todo lo que eso abarca. Con los políticos de siempre, con los ladrones de baja monta, con los ruidos del tráfico espantoso, con esa punzada en el corazón cuando ves a un hombre mayor pidiendo dinero en la calle bajo un frío que te enferma de solo pisar la calle. Me jode. Claro que me jode. Me duele. Somos pésimos eligiendo y extraordinarios quejándonos.

Sin embrago, tampoco podría vivir sin mi café de Cochabamba bien tempranito, mis humitas que hace la Sra. Adela, mis noticieros – cagones y con los mismos rostros, pero que me han acompañado desde niño y que me han dado trabajo durante muchos años -. No podría estar lejos de mi mamá (porque ella tampoco dejaría de radicar en este suelo y me lo ha dejado en claro varias veces). No podría estar sin ese toque salamero en el saludo, sin el miedo de que me arranchen el bolso en cualquier momento (quizá sin eso sí podría estar), sin ir a un evento de marinera y sin ver los lugares por los que he pasado siempre, la gente con la que me hice el ser humano que soy. Ya saben que soy un nostálgico. Saben que vivo de serlo. Necesito de ese cielo gris.

Admiro a la gente que agarró sus cuatro chivas, hizo tripas corazón, y se fue a buscar un futuro mejor fuera, por sus hijos, por sus familias (mi hermano es uno de ellos y estoy tan orgulloso de él que no me cabe el amor en el pecho). Sin embrago, creo que nunca será mi caso. No me tocó ese bolillo en el bingo.

Nací en el Perú y aquí me moriré. Solo espero en Dios que todo mejore. Que mi país renazca. Que este gobierno se termine y que empiece una nueva etapa para todos. Para la bonanza de quiénes nos quedamos y para la alegría de los que se fueron.

No sé que tan buen peruano soy. Me pongo a llorar cuando los atletas cantan el Himno Nacional en cualquier país del mundo. Me informo todo lo que puedo sobre la política – aunque muchas veces no entienda tanto -. No tiro basura en la calle, participo en la siembra de árboles. Hablo bien de mi patria cuando me preguntan colegas extranjeros sobre «qué se siente ser peruano». Ustedes entienden, muy cliché.

Sin embargo, no asisto a las marchas nacionales de protesta, no es por flojera. Es por miedo. Exponerme públicamente – con la imagen que me caracteriza – entre un mar de gente enervada es un poco peligroso en una sociedad como la nuestra. Pienso que algo malo me puede pasar, pienso en mi mamá y en mi hermano. No los puedo dejar.

Siento que no colaboro para que haya ningún cambio positivo. Ni siquiera en mis columnas porque al ser apolítico siento que me faltarían argumentos para responder después. Lo digo con toda sinceridad. Creo que no es mi estilo y zapatero a tus zapatos. Lo mío es más nostálgico, más humorístico y sarcástico.

Amo a mi Perú y me deja un sinsabor no poder hacer casi nada por él excepto ser un peruano decente, trabajador, que no le haga daño a nadie y que ayude lo más que pueda a sus compatriotas. Intentar ser buena persona quizá sea una forma de mejorar el país. Me consuelo diciéndome eso para conciliarme con mi tierra y conmigo mismo.

Acabamos de celebrar Fiestas Patrias por aquí y creo que tuvimos poco qué celebrar (fuera del orgullo deportivo que nos están brindando prácticas como el Atletismo con Kimberly García, que ganó la Medalla de Oro para Perú). Pero hay mucha pobreza, hay mucho conflicto, un gobierno ineficiente, maltrato al extranjero y mucho inmigrante delincuente también, hay que decirlo. Sicarios desalmados, el friaje que castiga a las zonas más humildes del Perú que no tienen la ayuda necesaria. Hay mucho más en qué trabajar de lo que hay por celebrar.

Me queda tener fe en que algún cambio habrá. En qué las personas que sí pueden hacer algo por el Perú lo hagan. Que se larguen si es necesario. Que no vayan al Mensaje Presidencial. No sé, algo. Como les cuento no sé mucho de cómo se puede hacer, pero sí le pido a Dios que nos ayude a salir adelante porque más abajo no podemos llegar, será que solo nos queda subir.
Brindo por eso.

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