CARTAS CHILANGAS (XXVIII)

Juan Patricio Lombera









Carta XIX

Ciudad de México 2 de enero de 2020

Uno de los aspectos en que más ha cambiado mi ciudad, de cuando era pequeño a ahora, es su internacionalización. En realidad, el proceso empezó antes de que me fuera. Te pondré un ejemplo sencillo; durante varios años ningún músico de pop o rock quiso ir a México. Aparentemente, a Freddy Mercury de Queen le rompieron una guitarra y le echaron una botella en su concierto de Puebla. Él se puso a despotricar de México y hasta que Rod Stewart decidió dar un concierto en la ciudad de México, nadie volvió. A partir de ahí, le seguirían Elton John y todos los grandes incluyendo a U2 o Pink Floyd.

Por otra parte, las carreras de Formula 1 tuvieron una breve reaparición en los años ochenta después de que en la anterior ocasión se suspendiese por los clamorosos fallos de seguridad con gente ubicada muy cerca de la pista. Como anécdota de esa jornada, Jim Clark atropelló a un perro que se le habría escapado a los dueños. No sé si el dueño le pidió indemnización. Sin embargo, en 1992, la pobre calidad de la pista y la contaminación de la ciudad acabaron con las carreras en la ciudad.

De igual manera, era impensable en aquellos años de crisis y sismos ver una pelea de campeonato en la Arena México. No fue sino hasta los noventa en que Julio César Chávez llevó un gran cartel a la ciudad.

Por supuesto, a diferencia de lo que ocurre ahora, era impensable ver un partido de fútbol americano entre dos equipos gringos en la capital. En la actualidad, cada año se realiza por lo menos un partido debido a la gran devoción que tiene ese juego de bárbaros.

Quizá el arte pictórico fue la excepción que confirmó la regla. Desde que acabó el mundial de 1986, el espacio destinado a la prensa fue reconvertido en el Espacio de Arte Contemporáneo (uno de las pocas cosas buenas que hizo Televisa) y realizó exposiciones maravillosa. Desde fotos del National Geographic de Manuel Álvarez Bravo, hasta la de Octavio Paz; los privilegios de la luz donde se encontraban toda clase de obras artísticas que habrían inspirado al poeta. Incluso recuerdo una exposición de pintores africanos en la que la democracia no siempre era bien representada, ya que algunos la consideraban portadora de toda clase de vicios como la prostitución y las drogas. En ese espacio también pudimos contemplar cuadros de Goya, Velázquez y Murillo por un acuerdo conseguido con el museo del Prado. Dicho sea de paso, nunca dejaron de ir los grandes escritores latinoamericanos a la ciudad. Borges, Cortázar, Bioy, etc… De hecho, recuerdo una anécdota en la conferencia de éste último en Bellas Artes. En el turno de preguntas un seudo intelectual quiso hacer lo que Jorge Ibargüengoitia llamaría su conferencia dentro de la conferencia y empezó a soltar un aburrido y deshilvanado discurso. Con lo que no contaba él ni nadie de los presente era que hubiera una persona entre los oyentes dispuesta a saltarse las normas de educación y, al cabo de 2 minutos, le cortó con un escueto “haga la pregunta”. El aludido se defendió diciendo que estaba hablando con el maestro, pero creo que el propio Bioy estaba harto de ese pesado y no dudó en darle la palabra a otra persona.

Por otra parte, recuerdo que el museo de Bellas Artes realizó en su día una exposición sobre los impresionistas. Fue tal el interés que despertó que la cola daba la vuelta al edificio. Había que tener mucha paciencia y esperar horas al sol para poder contemplar los cuadros de Pisarro, Modigliani, Manet, etc…

México, en aquellos años ni siquiera tenía relaciones con El Vaticano. Tan solo había una oficina de intereses. Como sabes, después de la revolución gobernaron una serie de líderes jacobinizantes que querían implantar la educación socialista, crear una religión mexicana ya que veían en la iglesia el opio del pueblo. Esto desembocó en la Cristiada. Aunque finalmente, los cristeros fueron derrotados (en parte porque fueron traicionados por la cúpula de la iglesia), se llegó a un acuerdo mediante el cual los curas podían ejercer sólo en el templo, no podían salir a la calle en sotana ni hablar de política. No siempre se respetó ese acuerdo y en aquellos años empezaban los miembros de la iglesia a hablar de política impunemente. En general se hizo la vista gorda y el hecho que El Vaticano y México no tuviese relaciones no impedía que Juan Pablo II fuera a la Villa a decir aquello de “México, siempre fiel”. Me pregunto qué pensaría el viejito anti comunista y encubridor de pederastas acerca del creciente auge que están teniendo los protestantes en todo el país.

En materia periodística no entraban los diarios extranjeros y los nacionales eran controlados por la secretaría de gobernación. Como en la dictadura de Salazar que se menciona en Sostiene Pereira había censores que controlaban lo que se iba a publicar. Pero sabido era también que los periodistas recibían mordidas para hablar bien de tal o cual político. De hecho, un amigo que trabajaba en aquellos años en la representación del Gobierno del Estado de Guerrero en el DF, me comentó que los periodistas cobraban antes que él y que ahí se les podía ver cada 15 días. En aquellos tiempos el gobernador era el luego asesinado Francisco Ruiz Massieu. No obstante, revistas anglosajonas como Newsweek si llegaban de algún modo al país, pero solo para una minoría que hablase inglés. A pesar de lo anterior, sí existían medios combativos como Proceso que en plena dictadura priista denunciaba torturas, desapariciones y fusilamientos clandestinos de sexenios anteriores. También existía La jornada que era muy crítica con el Gobierno, pero eran pocas las excepciones que confirmaban la regla. En lo referente a la televisión, creo que ya hablé bastante en capítulos anteriores. Sin embargo, quiero que sepas que la única forma de ver algo distinto era a través de cablevisión que emitía canales norteamericanos. Como imaginaras, sólo una élite tenía acceso a ese suplemento televisivo.

Hoy en día, en cambio, encuentras todo tipo de publicaciones nacionales y extranjeras. Igual que aquí, tienes toda clase de portales que te permiten más canales o series o películas. Ha cambiado mucho el país en estos treinta años. No obstante, a veces me da la impresión de que seguimos igual que antes. Con la salvedad de que en aquel entonces, creíamos que con la llegada de la democracia se resolverían todos nuestros problemas. Pues bien, llegó la democracia y algunas cosas han mejorado, pero otras, como la violencia, se han reproducido al infinito.

P.D. Por fin me han dado cita con el Secretario. A ver si resulta la buena. Deséame suerte.

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