CARTAS CHILANGAS (XXVII)

Juan Patricio Lombera








Cartas al fondo de mi alma

IX

Tuve que sufrir unos últimos madrazos antes de reincorporarme a la sociedad. La idea era que apareciera ante los medios acusando al Gobierno de mi secuestro y tortura, pero sin dar nombres y aludiendo a un desconocimiento absoluto de en qué lugar estaba recluido y quienes eran mis torturadores. Mi foto y mi versión de la historia saldrían en los medios para que la sociedad se apiadase de mí, no solo por mi tortura, sino también por la muerte de mis compañeros y, al mismo tiempo, convertirme en un héroe por denunciar al Gobierno que me acababa de torturar. De esta forma acabaría atrayendo la atención de algún miembro prominente del partido con cuya ayuda iniciaría mi ascenso. Por su parte, el Gobierno siempre podía negarlo todo o, si se querían mostrar empáticos, ordenar una investigación indefinida en el tiempo cuyos resultados nunca se conocerían.

El plan funcionó. Pocos días después de salir mi cara en La Jornada, Raymundo Casanova se acercó a mi morada.

-Yo también sé lo que es la tortura, pero si no ha acabado con tus ganas de luchar, tan sólo te ha hecho más fuerte -sentenció. Creo que eres el indicado para que dirijas las juventudes perredistas de todo el país. Claro que tengo que hablarlo con la cúpula del partido.

Y así fue como empecé una carrera política al tiempo que me convertía en una oreja de Gobernación. Nunca supe cuál fue mi grado de implicación en los asesinatos de mis camaradas de partido. Pero digamos que de los 300 que murieron en el sexenio de Salinas, yo di informaciones precisas de unos 30. Eran muy inocentes, soltaban la sopa a las primeras de cambio. Confiaban en uno por tener una credencial firmada por Cuauhtémoc. Conocí sin esfuerzo sus células, direcciones, lugares que frecuentaban. Nada que el Gobierno no fuera a averiguar; yo solo les facilitaba la labor. A mis padres les resultaba raro que tuviese siempre dinero y los invitase de cuando en cuando a restaurantes de lujo a los que nunca habían tenido acceso o viajes a Cancún, pero afortunadamente nunca me preguntaron nada.

Con la crisis del 94 fui ascendido a líder delegacional y mi zona fue decisiva en la victoria electoral de 1997. Desde el Gobierno, quisieron mandarme en el 94 a Chiapas como observador de las negociaciones, pero supe que estas no llegarían a buen puerto y me negué, alegando la importancia de mi nueva posición en el partido. En el año 2000 conseguí mi escaño como diputado. Fui de los pocos que supe ver el fin del PRI y, temiendo que se me acabase la chamba en Gobernación accedí al ofrecimiento que ya antes me habían hecho. No obstante me equivocaba. Nada más llegar Fox al poder, me mandaron llamar para informarme mis nuevas órdenes. Me encargaron acercarme al nuevo alcalde de la Ciudad de México. Ya desde ese primer año del siglo XXI, Fox temía al tabasqueño. Y vaya si tenía razón. Uno de mis grandes logros fue desvelar la creación de la carretera al hospital. Ese fue el ariete del Gobierno contra el alcalde, pero cuando ya lo tenían a huevo para desaforarlo y acabar su carrera política, Fox se acobardó y dio marcha atrás. Participé con miembros del partido de Gobierno en la creación de mentiras para deslegitimizar al candidato de la izquierda. Sobre el resultado electoral de 2006, lo más que puedo decir es que no sé nada. Tan plausible es para mí la teoría del fraude como la de la victoria de Calderón por unos cuántos miles de votos. Conseguí reelegirme en mi escaño y a partir de ese momento empezó el trabajo más arduo de mi vida. Cómo ya había conseguido la confianza del tabasqueño, debía de seguirlo a todas partes. Eso implicaba ir a cada uno de los pinches pueblos que visitaba para que 12 indios de mierda lo oyeran y volvernos a la capital para al día siguiente hacer un nuevo viaje. El desgaste que le produjo su mal perder, con manifestaciones diarias y auto proclamándose presidente de México, provocó que en 2012 no tuviera oportunidad frente al del copete. Eso sí. Esas elecciones lo dejaron herido, pero no muerto, a diferencia de sus enemigos panistas, que pasaron del primero al tercer lugar por su patético desempeño durante 12 años de Gobierno en los que demostraron que no eran muy diferentes de los priistas. Regresaron viejos mandamases a Gobernación y, sinceramente, aunque eran las mismas ratas priistas de siempre debo reconocer que se trabajaba mejor con ellos. No andaban con tanto mitote de justificar gastos y demás mamadas. No obstante, como el PRI demostró con creces que seguía siendo el mismo estercolero de siempre y como el PAN estaba escindido entre zavalistas y anayistas, no era difícil saber quién ganaría. Era mi momento y no lo dejaría escapar. Podría haber pedido una secretaría, pero me conformé con estar a la sombra de la Secretaría de Gobernación. De hecho, creo que ha llegado el momento de preparar mi jubilación. 6 años en este cargo, 6 más como senador y listo podré jubilarme y vivir el resto de mi miserable haciendo no sé qué. He mutado tantas veces que ya no sé ni quién soy, pero sí sé que esto de delatar y espiar se me da muy bien.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .