Y ASÍ SE CUENTA LA HISTORIA: “El sombrero, las lentejas y el arroz”

Ítalo Costa Gómez










Para ser detallista hay que ser un buen observador. Dar un regalo sencillo, pero acertado es cuestión de saber ver en la otra persona qué le puede gustar. Se trata de estudiar no de dar por dar para no patinar. Si la persona escribe sobre la naturaleza regalarle una planta que tú mismo hayas sembrado en una bonita maceta pues le va a tocar el corazón. Si le gusta la pintura y le regalas un dibujo inspirado en uno de sus trabajos lograrás conmoverla mucho más que con un detalle muy fino o caro. Es cuestión de observar. Ahí está el secretito. El ajinomoto de la situación. Cuando no se tienen las ganas de tomarse el tiempo de pensar el detalle mejor es no dar nada. Y si no conoces bien a quien quieres agasajar pues ahí ya es cuestión de suerte. En la historia de hoy la musa no estuvo presente.

[Te regalo mi orden mi desooorden
Te regalo mi norte y mi horizonte
Mi filosofía, mis historias, mi memoriaaaaa eh eh
Te regalo mi amor que se acumulaaaaa. Te regalo hasta el tesoro. Yo por ti daría mi vidaaaaaaaaa]

Cuenta la historia que se vivía el primer día del año nuevo. Se había acabado al fin el tenebroso 2020. Mi mamá y yo estábamos en casa hablando cojudeces y limándonos las uñas cuando toca la puerta el repartidor de una conocida marca de envíos después de ciertas coordinaciones.
Era una caja que mandaba mi primo Julián. Él regresó al Perú proveniente de Italia cuando la crisis sanitaria por el COVID-19 estaba en su punto más peligroso. El primo se había ido tan joven y hace tantos años que para mí es casi un extraño. No teníamos ningún tipo de comunicación, pero al parecer le habían hablado siempre de su tía Nena y de su primo “el flaco” y nos tenía camote.

La famosa encomienda contenía un pequeño sombrero de playa para mi madre. Les contaré que a ella no le gusta ir a la playa y jamás ha usado sombrero en su vida. Me da pena decirlo, pero era un poco particular el sombrerito. Parecía sacado de otros tiempos.
[Agujetas de color de rosa y un sombrero graaaaande y feeeeo. El sombrero lleva plumas de color azul pasteeeeel]
Mi mamá estalló en risas, pero lo mejor vino cuando vimos la segunda parte. El detalle que era para mí. Era un frasco que contenía lentejas y arroz a modo de adorno y un recetario que llevaba un papelito con mi nombre. El pomo estaba invertido y al parecer el trayecto había hecho que el seguro de la tapa se salga y cuando levanto el pote salen volando millones de granos de arroz y lentejas por todo el jodido piso.

Me mato muerto. Incendio todo mismo Nerón. Mismo “La sed de la espada”. El apocalipsis. Barrer eso fue una labor de esclavo. Dónde ponías el ojo había un arroz. Al final mi mamá me regaló el sombrero y yo le di el pote vacío que para algo le servirá. Le escribimos al primo agradecidos y conmovidos de corazón. Él tuvo la mejor intención del planeta y nosotros solo fuimos las perfectas víctimas de la situación jacarandosa. La primera del 2021, poquitito antes del SARS.

ANUNCIO: Se jodió la primera amiga que cumpla años pronto. Le encajo el sombrero. Están advertidas.

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