Mala muerte

José Pastor González

The Self Seers (Death and Man) (1911)-Egon Schiele







alguna vez alguien debería escribir
sobre la gente que muere en las pensiones
de José Manuel Llorente, 73 años, en la Pensión Covadonga
esperando ansioso -como todos los domingos noche la
llamada telefónica de su hijo
para -por fin- hablar con alguien
y contarle todas las historias felices que ha inventado durante la semana
para que su hijo no sepa y no se preocupe
por su salud su soledad su dinero su tristeza
de Antonio Muñoz, 62 años, en la Fonda Suiza
metido en la cama -como todos los días- después de comer
viendo las películas que pasan por 13 TV y Paramount
esperando que llegue la oscuridad de la noche
y tomarse dos temazepam para que el miedo no despierte en sus sueños
de Sonia Manrique, 23 años, en el Hostal El Camal
metiéndose un chute de heroína
para darse un descanso
antes de volver a la calle y a los clientes
de Ramiro Reyes, 49 años, en el bar del Hostal España
cociéndose a fuego lento con vino de la casa
antes de volver a una habitación vacía que le devora
de Esteban Jiménez, 59 años, en la pensión La Estación
peleándose en silencio y a dentelladas
con todos sus fantasmas
abotargándose a Orfidal
para matar el dolor y la desesperanza.
alguien debería escribir
sobre el olor de miles de cigarrillos
en las sábanas en las cortinas en las alfombras en las paredes
y sobre ese olor pegajoso de los cuerpos derrotados abandonados
como de flores marchitas
como de polvo viejo
y de las comidas del menú del día de todos los días
y las cenas con las sobras de la comida de todos los días
y los desayunos sin que nadie te mire a los ojos
y de los ruidos de la muerte
de los crujidos de los somieres de las toses de los televisores encendidos
de la cisterna del agua de los lavabos de los pedos de los ronquidos
de los gruñidos y los quejíos de dolor y desesperanza
y del arrastre de sillas pies y vidas
unas vidas que caben en dos cajas de cartón y dos bolsas de plástico
y que transcurren tras unas puertas que no queremos abrir
para no enfrentarnos a escribir
sobre el zumbido del silencio de la mala muerte

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