Y ASÍ SE CUENTA LA HISTORIA: “El zapatito sin par”

Ítalo Costa Gómez

 

 

 

 

 

 

 

Hay un detalle muy especial con mis zapatitos de bebé. Mis papás los guardaron casi todos. Tengo una repisa muy linda donde están mis babuchitas azules, los “papos” (como les decía de chiquito) ortopédicos tamaño miniatura que me compraron cuando empecé a caminar y lo hacía con los piecitos chuecos, el par blanco que usé cuando me bautizaron y así. Mis zapatitos me dan ternura, sobre todo uno que no tiene par. No tiene media naranja y eso me hace quererlo más.

Cuenta la historia que había logrado llegar a conocer y hacerme amigo de uno de mis “amores platónicos”. Es historiador y psiquiatra. Es una buena persona y muy culto, además. Sabía que yo le tenía admiración y afecto, sin embargo, debo aclarar que siempre hubo mucha pureza en mi forma de mirarlo. No era un cariño de pareja ni tenía tintes eróticos o pretensiones amorosas. Para nada. Era – y es – un cariño limpio y – por suerte – correspondido.

Una noche me invitó a tomar unas copas de vino a su departamento y conversamos de la vida entera. Sin darnos cuenta las 8 de la noche se habían convertido en las 5 de la mañana. Las dos botellas iniciales se convirtieron en cuatro. Pasamos una noche estupenda. La amistad se fortaleció aun más.

Entre tantos temas que le conté estaban los famosos “zapatitos” lo cual le pareció súper especial. Un detalle curioso que encerraba mucha historia, mucho amor. Recuerdo claramente sus palabras.

– ¿Has escrito sobre el tema?
– No, creo que hasta el momento no. Puede ser un relato bonito.
– Sí, sobre todo si alguno no tiene par. – Contestó creativo, como siempre. Capo.
– Creo que todos tienen par.

Cambiamos de tema y luego de un rato se quedó callado, pensativo. Luego su cara se iluminó. Se le había ocurrido una idea.

– ¿Y si me regalas un zapatito? Tú tendrías uno y yo el otro. Sería especial y tiene onda dramática. Además me encantaría ser el príncipe, pero sin beso eh. – Se atoraba de risa y se veía iluminado.

Me invadió una sensación maravillosa en ese momento. Una persona que admiraba y quería mucho me estaba pidiendo que me desprenda de una parte de mi vida; que deje algo que me ha acompañado desde que nací y que me ha visto recorrer un camino entero y se la regale. Enriqueció ese panorama lindo todo con su pedido.

– Una vez regalé una chancleta rota y el pata no era tan guapo como tú. Déjame pensar… Lo haré. Te regalaré un zapatito. Sobre el beso… brincos dieras, querido. – y no le dije más. Me metí al taxi que pidió entre sus carcajadas y abrazos. Me fui a casa muy feliz.

A los dos días le dejé en su oficina una cajita de madera. Dentro tenía uno de los zapatitos y una nota: “Gracias por regalarme una historia que contar”.

Me mandó la foto que acompaña a este texto. Él ya no vive en Perú. Se llevó mi zapatito a Argentina y descansa en su biblioteca. El otro “papo” está en mi repisa, sin par, esperando a que me encuentre con un amigo de nuevo y volver a ver a su otra mitad.

Un amigo que me regaló un cuento de hadas de aquellos. Cada vez que lo recuerdo pienso en que los zapatitos sin par son más especiales que los demás.

Están solos por una razón.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .