Y ASÍ SE CUENTA LA HISTORIA: “Alabaré a mi señor”

Ítalo Costa Gómez

 

 

 

 

 

“- ¿Por qué siempre me tocan personas falladas? ¿Tengo cara de basurero o de hospital psiquiátrico?
– ¿Recuerdas el cantito que decía, tú has venido a la orilla, no has buscado ni a sabios ni a ricos? Pues eso. Que querías pobres y brutos.
– Eso pensé.”

“Jesús” en conversación marginal con “Judas Iscariote” – Página 47.

.

He terminado de leer el trabajo más reciente de Javier Ponce Gambirazio o acabo de ver la última película de Almudena Sombrero de la cual él es el guionista. Para el caso es lo mismo: no estaba preparado para esa experiencia y por eso precisamente debía vivirla lo más pronto posible. Al mal paso darle prisa o así dice la gente, que es tan cruel y despiadada.

Los trabajos de Ponce han captado la atención desde siempre por tener un estilo deliciosamente malsano que nunca nadie ha explorado; salvo quizás por Jaime Bayly en sus primeras novelas de manera tímida. Con los años perdió el desenfado y la malcriadez. Se volvió una señora de su casa – y qué bien por ella, yo mataría por ser una – y nos quedamos sin niño terrible, sin oveja negra, sin cabra mala. Para eso precisamente llega Javier con su sonrisa perfecta. El suele ser la voz de lo que no se debe decir. Por ejemplo, estoy seguro que muchos padres pacatos tirarían “El cine malo es mejor” al fuego antes que dárselo a uno de sus hijos. Eso es lo que me hace adicto a las entregas de este cineasta loco: son malas para el entorno social y buenas para la salud mental. Viene sin octógonos que al menos te adviertan sobre lo que estás a punto de consumir. Te compras con gusto algo que te va a remover todas las fibras así sea partiendo del horror y la náusea.

[Debe ser por eso que cargo novelas como “Un trámite difícil” o “Una vida distinta” fuera del bolso… como si fueran un adorno. Siento que habla bien de mí que me vean con esos libros que muchos leerían a escondidas y que sacan cuando están a solas y se los devoran como groseros obesos a unas donas glaseadas tras una semana de dieta]

“Lo tenemos levantado hacia el Señor” te cuenta sobre el rodaje de una película bastante modesta – con “tres centavos” de presupuesto – que está siendo grabada en Cuzco en el que la Virgen María (sí, la misma que un 13 de mayo bajó de los cielos a Cova da Iria) es interpretada por la travesti más bella del país: Divina Lima, sobre su caja de mayólicas. Mientras que el personaje de Jesús lo asume el insoportablemente ateo Javier Ponce. La orden es no parar, pase lo que pase. Improvisar si algo se sale de control. No se puede cortar. Se debe continuar así haya diluvio y no tengas lista el arca ni la pareja heterosexual de cada animalejo.

[Se ve pésimo que uno se meta en por los palos en sus propias reseñas, pero qué carajo. Es mi columna y hago lo que me da la gana. Yo tuve una conversación con Divina Lima y soy íntimo del Javier. No tan íntimo como quisiera, pero habla conmigo por teléfono entre vinos y medianoche, me escucha, no me corta. ¿Quién puede decir eso? Yo puedo, pequeños ene-enes. Comprenderán que hay cosas que no se deben callar, aunque rocen el mal gusto]

.

La novela te remueve el estómago enfrentándote con tus creencias religiosas, políticas, sexuales y sociales. Es mejor que ni te acerques a la historia si no te gusta que a los negros se les diga negros y a los gays, maricones. La obra no te respeta porque no te necesita. No ves esa desesperada llamada de cariño que puedes encontrar en otros escritores de medio pelo rizado – porque se les malogró la plancha – como el insoportablemente meloso Ítalo Costa Gómez. Tampoco encuentras ese lenguaje complicado de erudito aspirante a Vargas Llosa que quiere pasar por culto. Javier Ponce tiene el alma averiada y la inteligencia muy despierta como para intentar caerte bien. Basta leer un par de páginas para saber que le llega a la teta. Debe ser por eso que lo queremos tanto. Tú también lo quieres, solo que no lo sabes aún o no lo asumes. Todo tiene su tiempo, sweetheart.

.

Es cine barato es más coherente y el malo es mejor. Esta historia increíblemente valiente y que abarca casi todos los problemas de un país tan cagado como el nuestro lo demuestra.

Debes pensar que hablo muy bien de la novela porque su autor es mi amigo y tendrías razón, pero tampoco soy imbécil. Yo no amo a cualquiera. No me hago hincha de Pedro Pérez ni le dedico columnas acarameladas a cualquier cojudo. Yo amo la buena vida y al talento nato, aunque me pague mal. Anda y ve. Lee la historia. No lo hagas por mí, que, al fin y al cabo, somos solo amigos. Nunca te aburrirás. Encontrarás en esas páginas tu más versión más extraña comparando la coronación de espinas de Cristo con la de “Miss Huancayo” o a Judas acariciando sus monedas tratando de huir de la culpa atroz caminando a su muerte similar una danza bondage. En la literatura todo es posible, reza la misma novela pagana, pero esta publicación ya exagera. Te mueves en el tiempo asombrosamente. En un segundo te estás cagando de risa con ambiente de “Al Fondo Hay Sitio” y no sabes cómo coño acabas con el Emperador Constantino.

La historia me hizo reír en medio del escándalo porque soy más bueno de lo que sueno en estas líneas. Me sentí un exquisito creyente cometiendo un pecado, fumándome un huiro con María Magdalena y queriendo tener tres centavos del talento de ese cineasta demente; de ese psiquiatra alocado por el cual muero públicamente cada vez que tengo la oportunidad.

Dicen por ahí que la felicidad es algo que le ocurre a los demás. Que la felicidad y el presente parecen incompatibles. Discrepo, pequeños irreverentes. En este momento y con esta novela en la mano soy feliz. Aunque ya la terminé, ¿verdad? Vendría a ser tiempo pasado. Bueno, es mi libro y puedo volver a leerlo cuántas veces me dé la gana de revivir esa mala historia bien contada con un final que te deja boquiabierto.

En mi columna de esta semana me permito alabar a mi Señor. Te recibo con palmas, Javier Ponce.

En lo único que puedo mantener aún la fe es en que ésta no será la última reseña que haga sobre una novela tuya, pero que quizá sea la que más sonrisas te saque. Has trabajado muy duro por mis altares.

Busca primero el reino de Dios y su justicia divina y lo demás añadido será. Aleluya, Javier. Aleluya.

*Javier Ponce Gambirazio es escritor y cineasta. Ha publicado nueve libros: seis novelas, tres de ellas en España, un libro de cuentos y uno de poesía, además de una colaboración en una publicación de varios autores publicada en Nueva York. Ha colaborado con medios escritos del Perú como Lucidez y el diario Expreso, y de España, como la revista Letras Libres y el diario El País.

Como investigador audiovisual ha realizado documentales que han representado al Perú en distintos festivales internacionales como Lucha Reyes, carta al cielo (2010) y Sarita Colonia, la tregua moral (2016).

Ha sido catedrático de la facultad de Psicología y de las maestrías de Medicina y Educación de la Universidad Peruana Cayetano Heredia.

Una respuesta a “Y ASÍ SE CUENTA LA HISTORIA: “Alabaré a mi señor”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.