33 y 36

José Luis Barrera

Learning Walk (2005)-Jacek Yerka

 

 

 

Mi abuela murió a los 80 años. Su amiga de la infancia, una mulata de 31, fue al velorio. Se conocieron cuando ambas tenían 15.

La primera vez que la vi fue en mi décima fiesta de cumpleaños. Pensé que era una prima.

— ¡No, hijito! Es una amiga, pero nació en año bisiesto.

Cumplir un año cada cuatro es una desventaja: todos se mueren y al final solo queda el silencio.

Por eso, después de la desaparición de mi abuela, empecé a visitar a la mulata. Siempre olía a naftalina.

Cuando iba a cumplir 33 y ella 36, me di cuenta de que la amaba.

Seducirla fue innecesario, estaba borracha de soledad. No hubo fuegos artificiales, ni siquiera chispitas. Sexo, sí, pero horrible.

Estaba más nervioso que excitado, así que hice lo posible por cumplir con dignidad.

Luego, dormimos – o fingimos hacerlo – para evitar conversaciones y caricias.

Al amanecer, decidí escabullirme, mirando por última vez a la amiga de mi abuela. Ahora sí estaba muerta.

Mi sexo, aun después de cuatro años bisiestos, sigue oliendo a naftalina.

Este relato forma parte del libro “Cadáver exquisito”(en preparación)

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