Y ASÍ SE CUENTA LA HISTORIA: “Matanga dijo la changa”

Ítalo Costa Gómez

 

 

 

 

La inseguridad ciudadana está fuera de control desde hace varios años en todo el Perú. En Lima ya la cosa es de locos y la gran mayoría de nosotros nos hemos visto en peligro y hemos sido víctimas de un robo, un ataque pirañita, un raquetero desgraciado o de Alan García. Yo he perdido las cosas más por lo despistado que soy que por algún raterillo – todo lo dejo por todas partes, los audífonos, el teclado de la Tablet, el cargador, el vibrador (para masaje de cuello ah, no sean palomas), las llaves… nunca sé dónde está nada – pero el día que fui víctima del Cuajinais y del Matoncísimo Kid fue una broma entera. Un robo de juguete.

Ustedes ya lo saben, amigos irreverentes. Mi vida es así, jacarondosa.

Cuenta la historia que mi mamá me había pedido por favor que pagara el servicio de agua. Todos a Sedapal. Accedí a pesar de que odio las colas, detesto los trámites. El día que tuve que renovar el DNI casi me aloco porque me vi parado en la calle junto a doscientas treinta personas durante dos años y eso para mí es el averno con Judas calato con disfunción eréctil. Así que me fui resignado y camuflado con una casaca gigantesca que tenía capucha y lentes oscuros. me fui a pagar el agua. Cachambroso y escondido en ropas.

La cola en Sedapal del mal era respetable. Iba a pegar la media vuelta como Luis Miguel pero ya estaba ahí ya. En la esquina vi que vendían jugos y periódicos. Decidí ir a comprar algo para pasar el tiempo mientras hacía la cola con las sesenta lucas que adeudaba mi hogar metidas en el bolsillo.

No había llegado a la esquina cuando los maleantes se me acercaron. Jóvenes y no tan mal vestidos… peor vestido estaba yo en todo caso.

– Hola. ¿Podría decirme la hora? – bien educadito. Era un ratero de su casa.

– Claro que sí. – bien bueno yo… bien seguro de mí mismo.

Saqué los dos celulares que tenía en el bolsillo de la casaca porque estaban juntos. En ese momento uno me enseñó una pistola.

– Ya perdiste ya, dame todo o te meto plomo ahorita con@++##%&&adre.

¿Pueden ustedes imaginarme en esa situación? Yo que soy tan ansioso… Desvanezco. Me quedé helado y me puse a pensar en ese micro segundo que claro… osea, me iba a morir feo, sin celulares con una casaca horrible en la esquina de Sedapal e iba a salir horroroso en la portada del Trome. Yo no merecía eso. Merecía morir regio, ebrio, y absoluto de un paro respiratorio en plena faena sexual o del balazo de un fan alocado en plena ceremonia de El Oscar.

[And I… will always looooooove you…. Uuuuuuuuuuuuuuu]

Por supuesto que no pronuncié palabra y le di los teléfonos pero como estaba tan nervioso saqué también la plata que tenía en el pantalón para pagar el agua y se la entregué junto a las llaves.

Como les explico que les di las llaves de mi casa a los amigos de lo ajeno de lo asustado que estaba. Uno de los chiquillos me tiró las llaves al piso y se fueron. Deben haber pensado “y para qué coño quiero yo tus llaves oe”. No fueron agresivos. Solo fue “matanga dijo la changa” como la Chilindrina cuando le robaba la paleta a Quico. Punto.

Recogí mis llaves muy asustado y volteé a ver si había alguien cerca. No pude ni gritar. Estaba congelado. En pausa.

Me he volteado y habían dos señores (que no pudieron hacer nada) y me llevaron dentro de Sedapal. Me impulsaban a que hiciera la denuncia, pero era otro trámite y fuera mierda. Nunca iba a recuperar los teléfonos y contarle todo esto a la Guardia Serafina me provocaba menos que chaparme a Karina Beteta. No sé si me entiendes.

El guachimán de la puerta me dijo que eran dos chiquillos ya conocidos en la zona y que les habían puesto varias denuncias y cuando los atrapaban pues los llevaban a la comisaria descubrieron que las “armas” que usaban eran de plástico. Eran juguetes.

Osea, no solo me robaron sino que me estafaron al mismo tiempo. Resulta que si me disparaban iba a salir agüita. ¿Qué tal?

Cuando llegué a mi casa recién pude llorar al contarle todo a mi mamá. Ella amorosísima me abrazó y me calmó pero luego vino la estocada final.

– Hijito, que horrible que hayas tenido que pasar por esto pero vamos a lo importante… ¿Pagaste el agua o tienes que regresar?

La pita que se partió.

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